¡HEIL EUROPA!
Angela Merkel visitó, por vez primera, un centro de refugiados berlinés que fue atacado por hordas neonazis. ¡Preocúpate primero de los tuyos, traidora!- le gritaban enfurecidas masas de respetables y civilizados ciudadanos alemanes. Europa se blinda del éxodo humano que escapa de la miseria, de las guerras, de la posibilidad (más que probable) de que sus hijos sean víctimas o se transformen en verdugos del yihadismo . La solución de los líderes europeos pasa por intentar cerrar a cal y canto las fronteras. Siete vallas de alambrada son la respuesta a la mayor emergencia humanitaria de la historia. Siete muros de la vergüenza o, mejor dicho, de la desvergüenza que intentan contener del otro lado una tragedia de la que también somos responsables.En occidente queremos su petróleo y sus territorios para dominar la geopolítica internacional, pero no los queremos a ellos. En el Nuevo Orden, dictado desde EEUU, no hay lugar para la compasión ni para los convenios humanitarios internacionales. Intervenimos en sus conflictos. ¿Recuerdan quién empezó a bombardear en Siria?. Pero no lo hacemos para promover la democracia o la solidaridad entre los pueblos sino guiados por intereses torticeros que aseguren nuestra supremacía financiera. Aunque sea consolidándola sobre una montaña de cadáveres. Como si la vida de un niño sirio o centroafricano no tuviera el mismo valor que la de nuestros propios hijos. Razas y pueblos inferiores. ¿Inferiores a quiénes?
Quizás a los neonazis que la semana pasada se orinaron en un tren germano sobre dos niños inmigrantes. Seguro que el Fürer estaría orgulloso de estos valientes soldados. Un acto de guerra contra el peligroso invasor. Una lluvia dorada impregnada de odio que constata la "superioridad racial" de unos tarados peligrosos.
Hagamos un ejercicio de imaginación. Es tan fácil como ponerse en la piel del otro. En esa piel más oscura que contiene los mismos órganos, el mismo impulso vital que mueve a los ciudadanos occidentales. Supongamos que un régimen sangriento dominara nuestras existencias. Que sus hijas e hijos estuvieran en un grave peligro, que murieran de hambre, que durmieran entre ruinas como los niños palestinos o sirios. ¿Qué harían ustedes? Seguramente huir para salvar sus vidas, para intentar que tuvieran un futuro. Pero, ¿huir a dónde? Sigan imaginando que al llegar, tras jugarse el pellejo en una travesía imposible o cruzando territorios hostiles, se encontraran una alambrada kilométrica y, en lo alto, unos primates humanoides apuntando con sus chorros de orina a los maltrechos cuerpos de nuestras criaturas. ¿Qué sensación experimentarían?.
Dejen de imaginar. Esta es la realidad cotidiana para cientos de miles de personas. La solución final que Europa ofrece a su desesperada huida. Pero aún vamos más lejos. Nuestros lideres no tienen bastante con haber contribuido a convertir sus países de origen en un infierno para luego repeler a los refugiados como si fueran apestados. Además intentan rentabilizar políticamente la xenofobia. Gente como Albiol que argumenta que aquí no cabemos todos. Tiene razón. Nos sobran los fariseos, los hipócritas, los cobardes, los miserables que hacen apología del odio para confundir a sus irreflexivos compatriotas únicamente para sacar tajada.
Si de mí dependiera, las alambradas serían para ellos. Por eso mismo, porque me preocupo por los míos que no son otros que la raza humana. Una especie amenazada por payasos prepotentes que deciden quiénes viven o mueren según convenga a su bolsillo. Ellos son los traidores. Basura blanca que manipula la verdad para sacar rédito político o económico. Fabricantes de futuros terroristas. Hacedores de vallas y de muros. Ora contra los emigrantes, ora contra los propios compatriotas sumidos en la depresión y en la pobreza.
Este es el auténtico conflicto en el que todos estamos implicados. Una guerra planetaria en la que solo hay dos bandos: depredadores y depredados. Y contra los primeros, no existen fortines en los que atrincherarnos. Será una lucha cuerpo a cuerpo. Y a los de nuestro bando, solo nos queda emplear el corazón y el cerebro para defendernos de sus aldabonazos venenosos.
Ya estamos invadidos. La hipocresía y el odio han traspasado las fronteras. Y no existe concertina que pueda repelerlos.
La señora Aguirre, pese a parecer tan avispada y pizpireta, dice que no se enteraba de la clase de golfos de los que estaba rodeada. Golfos nombrados a dedo por la lideresa de los que día a día vamos descubriendo más trapacerías y chanchullos. Aguirre ve alucinante que el juez sugiera financiación ilegal en su partido. Los jueces tienen estas cosas Esperanza. Van reuniendo pruebas y atan cabos. Y con el Partido Popular podrían confeccionar un ajuar con encaje de bolillos. Decir que el PP actuó como una banda organizada en casos como Gürtel o la Púnica es una obviedad y a estas alturas nadie tiene dudas de que la financiación ilegal era una práctica atávica y consentida por la oligarquía del partido desde los tiempos de Fraga.
Ignoro de dónde sacó el futbolista Nuno Silva la camiseta con el careto de Franco que exhibió en su presentación como el nuevo fichaje del Real Jaén F.C.. Quizás fue un regalo envenenado o a lo mejor se la compró él mismo en alguna tienda de los horrores-fashion donde venden moda con motivos genocidas para tontos del culo analfabetos y fascistas recalcitrantes y nostálgicos.
En estos días se cumplen ochenta años desde que Adous Huxley publicara la novela "Un mundo feliz". Se acababa de producir la crisis del 29 y empezaba a gestarse el régimen fascista de Hitler en Alemania. Huxley describía la sociedad de un futuro muy lejano. El año 600 de la era "fordiana" (en alusión sarcástica a Henry Ford y la introducción de las cadenas de producción en la industria). El filósofo y escritor no carecía de visión. La mecanización acabaría convirtiendo a los trabajadores en poco menos que autómatas. En ese contexto, imagina un régimen totalitario que ejerce un control absoluto sobre el individuo al que trata de imponer su concepto de felicidad a toda costa. Una felicidad obligatoria que responde a los reflejos condicionados por la promesa de una pastilla, el soma, que proporciona placer inmediato. En este mundo perfecto todo está encaminado a conseguir mayor productividad creando unos especímenes eugenésicamente seleccionados para ello.
Los finales de los cuentos que leía en mi niñez siempre me crearon muchas incertidumbres. Todos concluían más o menos con la misma cantinela. Los personajes protagonistas vencían a los malvados y eran por siempre felices comiéndose unas perdices. No entendía muy bien por qué devorar esos pajarillos era clave para lograr la felicidad. Hasta que me di cuenta que hay pocas palabras que rimen con felices. Y comer lombrices, por ejemplo, no resulta un menú tan sugestivo para todos como las susodichas aves en pepitoria. Aunque para gustos, gusanos de colores.
El termómetro marca 45 grados. Zaragoza se calcina convertida en un enorme horno crematorio. El cambio climático se descojona de nosotros. ¡Negadme ahora si tenéis bemoles!
La primera vez que participé en una acción no violenta fue al final de los ochenta. Una macro-urbanización iba a ser construida en el Moncayo con un desprecio absoluto por el entorno natural y mermando los recursos de los pueblos colindantes. Un grupo de amigos y servidora decidimos formar el primer grupo ecologista de acción directa en Aragón. Lo llamamos Ecofontaneros (una especie de Greenpeace con cachirulo). Ni cortos ni perezosos, cavamos unos profundos hoyos a las puertas de las obras y cinco personajes nos metimos dentro. El resto de nuestros compañeros nos echaron por encima media tonelada de cemento rápido que nos cubrió hasta la cintura. Cuando los responsables de la urbanización llamaron a las autoridades ya era tarde. El cemento había fraguado y pasaron casi 20 horas hasta que lograron sacarnos a cincel y martillo. Aún conservo las cicatrices en las piernas que dan fe de ello. Esta fue la primera, como digo, pero después vinieron muchas otras. Escalar hasta el tejado del gobierno aragonés, a la torre Eiffel o a las almenas de una central nuclear. Cruzar el Ebro a nado hasta el embarcadero de la Expo, encadenarme a hormigoneras, hacer cientos de performances callejeras, desnudarme públicamente utilizando mi cuerpo como elemento de protesta. .. Fueron tantas que me cuesta recordarlas. En todos estos años he asumido juicios, multas y detenciones. Siempre con la conciencia muy tranquila porque entendía que mis pacíficas acciones eran una mera manifestación de la libertad de expresión.
Me enamoré de Platón a los dieciséis años. Tengo querencia a las relaciones complicadas. En general, la filosofía y la literatura griega fueron para mi adolescente cabecita una auténtica revelación. ¿Cómo era posible que pudiera identificarme con unos tipos que habían muerto hace tantos siglos? Su cultura alcanzaba un grado de civilización tal que otros pueblos europeos coetáneos, como las tribus germánicas o las celtíberas, no podían imaginar. Cuando Platón escribió "La República" por estos lares todavía andábamos a golpe de garrote. Apenas se nos había desprendido el pelaje de la prehistoria en el tiempo que Safo escribía delicados versos de amor a sus pupilas y Aristófanes, en su "Lisistrata", sugería una huelga de sexo a las mujeres para acabar con las guerras entre estados enemigos. No en vano Grecia es la cuna de la democracia. Curiosa palabra cuya interpretación resulta muy ambigua en estos turbulentos días.
La Asociación Unificada de la Guardia Civil (AUGC) ha denunciado en una carta dirigida al ministro del interior los tuits de un brigada del cuerpo que hacen abierta apología del fascismo, el golpismo y la violencia. El representante de la AUGC fue entrevistado en El Intermedio y expresó serias dudas de que la reacción de Jorge Fernández Díaz fuera tan contundente con este asunto como lo fue con los desafortunados tuits del concejal madrileño. El mando de la guardia civil tenía bilis para todos. No solo se declaraba franquista y pro-nazi, además no le dolían prendas en lanzar amenazas de muerte (más o menos veladas) contra colectivos de mujeres, de representantes de los trabajadores, homosexuales, etc... A pesar de ello, el brigada recibió recientemente la condecoración de la Orden del Mérito de la guardia civil con distintivo blanco. Una condecoración que, la propia AUGC, reclama le sea retirada por el ministro.
El presidente del BBVA advierte que "los populismos pasan facturas muy largas y tienen las patas muy cortas". Francisco González impartía un curso en la universidad Menéndez Pelayo de Santander que se llamaba El nuevo modelo económico; lecciones de la crisis. Si alguien está legitimado para dar lecciones sobre la crisis es un banquero. No solo han conseguido que la ciudadanía se hiciera pagana de sus desafueros. Además han seguido manteniendo sueldazos y privilegios por parte de unas entidades rescatadas con dinero público en plena recesión. ¡Tiene cuajo el asunto! Mientras el populacho se iba empobreciendo a causa de los recortes impuestos para abonar la orgía financiera, los banqueros se permitían el lujo de pontificar sobre la necesidad de rebajar los salarios de los trabajadores o suprimir las ayudas sociales.