LOS VIERNES DEL HORROR
¿Recuerdan aquello de que alguien vendrá que bueno te hará? Bien, pues con los presidentes de la CEOE no pasa lo mismo. Primero, porque al emérito Díaz Ferrán no le hace sombra ni Vlad El Empalador, menudo es él. Sus méritos son indiscutibles y dejó el listón muy alto. Pero es que además su sucesor es digno heredero de la sed de sangre obrera que tanto motivaba a don Gerardo. Aunque eso sí, Rosell aporta un toque personal. La crueldad, el cinismo y la desaprensión le vienen de serie. Como a los coches de alta gama que tanto le gustan a su socio.
Sostiene Rosell, en ese lenguaje suyo tan soez a mis oídos, que el gobierno debe ser implacable y cortar algo que nunca se había cortado. ¡Ay ladrón! Lo que tú pides son las dos orejas y el rabo de los trabajadores. Y de paso, también las de los parados y los pensionistas. Para todos estos parásitos sociales (entiéndanse también como tales a los dependientes, discapacitados y toda la chusma menesterosa que quiere vivir del cuento) se acabaron los días de vino y rosas a cargo del contribuyente. Para eso, para chupar del suero público, ya está la Patronal.
El presidente de la CEOE se atreve a sugerir al gobierno que recorte las prestaciones por desempleo y reforme las pensiones. Para que España no caiga en el abismo, el precipicio y la muerte, dice el menda. Debe ser que el chorreo de subvenciones, exenciones, ayudas a la contratación, descuentos fiscales, rebajas contributivas y los privilegios de toda índole que la clase empresarial recibe de las administraciones son solo el empujoncito de gracia que necesitamos para saltar al vacío. La CEOE ve la paja en el ojo proletario pero no la viga del propio, ya se sabe.
Lo peor es que Marianico, siempre atento a los deseos de su gente, le va a hacer caso. Ha reunido a sus ministros para recuperar esos terroríficos viernes de dolores a los que nos tenían acostumbrados. Más siniestros si cabe, pues al parecer Rajoy está dispuesto a despedir a cientos de miles de empleados públicos y subir el IVA de propina. Lo de recortar el paro y las pensiones, a lo mejor lo deja para el otro viernes. Los nuevos parados aún estarán aturdidos por el trauma del despido y no repararán en que les han rebajado las prestaciones. Para cuando quieran reaccionar, ¡zas!, ya será viernes de nuevo. Y Seguro que a Rosell se le habrá ocurrido alguna otra cosa que amputar. A mí también, pero no puedo escribirlo sin incriminarme.
Solo son niños. Eso sí, casi todos son pobres. Criaturas menudas atrapadas en medio del fuego de odio cruzado entre adultos. Pequeños trozos de carne que apenas valen el precio de la bala con la que se les asesina. Niños y niñas mutilados, abusados sexualmente, esclavizados, explotados, alistados a la fuerza en nombre de alguna abyecta-gloriosa causa, encarcelados, pasados a cuchillo, torturados. Niños de diez años ejecutados en juicios sumarísimos. Cuerpos diminutos amarrados a un tanque. Utilizados como escudos infrahumanos para poder extender más cadáveres de niños que sirvan de alfombra al constante desfile de ignominias. Un infanticidio global que ocurre aleatoriamente en Siria, El Congo o Palestina. Víctimas colaterales y preferentes en cientos de conflictos. Sobrecogedoras matanzas que apenas consiguen conmovernos unos segundos cuando se nos inunda con las imágenes de esa hemorragia de vidas incipientes. Quizás pensemos que no está en nuestras manos parar la sangría. Que bastante tenemos con salir del pozo en el que andamos metidos. Error. Ese crímen que no cesa es el origen del pozo. La falta de empatía ante el sufrimiento ajeno, considerar estos horrores como algo inherente a otras culturas, religiones o razas nos convierte en la misma basura que actualmente arruina nuestras vidas. En la misma porquería indiferente que permite que los pueblos europeos paguen las bacanales de los tiburones.