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Política y justicia social

¡QUE SE MUERAN LOS FEOS!



Ciudadanos puteados por los recortes que se revuelven contra lo que consideran una masacre social: Sepan que su mayor problema no es el hecho de que este gobierno les haya transformado en avalistas de los desmanes de la banca. Ni que a consecuencia de este abuso se justifique el sistemático saqueo que sufre nuestro pueblo. Tampoco importa demasiado que la inmensa mayoría no pueda pagarse la justicia o que la gente sea arrojada al arroyo del desahucio. Todas estas sombras que tanto les inquietan y les obligan a tomar las calles son meras pinceladas negras de una composición mayor, llena de luz y de belleza. Un maravilloso mundo hecho a la medida de gente guapa y con posibles. En este nuevo escenario la fealdad de la clase proletaria no debe mostrarse a la opinión pública internacional porque, ante semejante falta de glamour, aquí no viene ni el Tato. Es la imprescindible opinión de ese gran actor de un único papel, el "chatín" Arturo Fernández. Dice el rijoso galán que nunca ha visto tanta gente fea junta como en las manifestaciones. Algo que describe como manadas que parecen salidas de campos de concentración.
Está claro, las cabreadas masas no pueden compararse ni de lejos con la apolíneo atractivo de Guindos o la seductora mirada de la Báñez. La pobreza y la mala leche restan mucho encanto. El que les sobra a los tertulianos de Intereconomía, ese canal conocido por el sex-appeal de quienes lo frecuentan. Ahora me explico la nueva inciativa de los jerifaltes de vender la nacionalidad a los extranjeros que nos compren un pisito. Repoblaremos el país con personal exótico y mucho más fashion que blanqueará sus capitales a cambio de reducir el stock inmobiliario. Dos pajaros de una tacada. ¿No es una jugada maestra? Los nuevos españoles tendrán cash para tratamientos y cirugía, lo que revertirá en un mayor auge de la marca España. Una sociedad hermosa y elitista que barrerá la miseria debajo de una alfombra persa. Los perro-flautas, desarrapados e iracundos parias no damos buena imagen de la patria. Ese es nuestro mayor problema, el estético. ¡Vaya, que somos más feos que picio! Va a ser por eso que el gobierno parece decidido a hacernos la eutanasia. No estamos a la altura de su sofisticado estilismo.

¡QUE SE JODAN!

¡QUE SE JODAN!
Ya lo decía Andreíta (Fabra) escupiendo su desprecio hacia las clases más desfavorecidas: ¡Que se jodan! Los parados, los desahuciados, esos molestos suicidas que intentan sensibilizar a la banca y al gobierno, los que no tienen un plato de comida para alimentar a sus hijos...
¡Que se jodan todos! En el nuevo orden no hay lugar para la compasión ni la justicia. La moratoria que ha pergeñado el gobierno sobre los desahucios es otra bofetada clasista. Un nuevo escarnio que añadir a la larga lista de agresiones que reciben los más débiles desde la cúpula del poder político de esta charada de democracia. No habrá dación en pago, que no se pongan histéricos los bancos. La medida es un mero maquillaje que prolonga la agonía durante dos años. No tendrá carácter retroactivo y las condiciones para acceder a esta prebenda requieren que las familias estén sumidas en la miseria absoluta. No arregla nada. Es una respuesta caústica y descarnada que solo pretende sofocar la indignación social. Nos estamos poniendo pesaditos con nuestras plataformas solidarias basadas en principios humanitarios. Y encima están esas personas que deciden autoinmolarse atribuyendo su muerte al autismo moral de nuestros mandatarios. Había que hacer algo que calmara los ánimos del populacho y no comprometiera los intereses de la banca. Sobre todo porque los partidos políticos son rehenes de sus deudas y pueden ser desahuciados de sus flamantes escaños. Al final el que manda es don dinero, nos sigue quedando claro. Lo que no queda tan claro es que se haya apaciguado la rabia de la ciudadanía. Por el contrario, interpretamos esta respuesta con la misma contundencia que las desafortunadas palabras que soltó Andreíta. Ya nos estamos hartando de tanta provocación chulesca. No pensamos permitir que se nos sigan fornicando los que fueron elegidos para preservar los derechos y libertades de este pueblo. Puestos a escoger, lo que queremos algunos es que se jodan ellos. Y vamos a poner todo nuestro empeño en que así sea. En reventar el chiringuito que regentan gracias a sus chanchullos, mentiras y deslealtades. En desalojar de sus cargos (preferiblemente a rastras) a estos proxenetas de los valores democráticos.
En hacer lo imposible para que, al final, quienes acabéis jodidos seáis tú y los tuyos. Andreíta, guapa.

CAMINO DE ROSAS

CAMINO DE ROSAS
Con la resaca del día de huelga vivido intensamente y los huesos molidos, me desayuno con unas declaraciones "espontáneas" desde Bruselas. El vicepresidente económico de la Comisión Europa, Olli Rehn, asegura que España va por buen camino. Que nuestro gobierno satisface las exigencias europeas y no se necesitarán más ajustes... de momento. Es evidente. España va por un camino alfombrado por pétalos de rosas. Un camino florido que conduce derecho a la miseria y por el cuál transitan ya varios millones de españoles. La bondad de esta vereda reside en que los bancos europeos vean posibilidades de recuperar su pasta. El hecho de que la gente se quede sin casa, sin empleo, salud, educación o futuro les importa un rábano. Pero la insurrección les pone de los nervios. Al márgen de las guerras de cifras habituales (y considerando que el aumento del paro y los piquetes patronales han impedido el derecho a la huelga a muchos trabajadores) el 14-N ha movilizado a millones de ciudadanos en este país. La gente corriente hemos tomado las calles conscientes de la estafa de la que estamos siendo víctimas. La sociedad está mutando desde el estupor y miedo inicial. Ahora, un legítima cólera empieza a nacer en cada uno de nosotros. Eso podría estropear su negocio. Sin miedo, nos daríamos cuenta de que hay alternativas al expolio.
Otro que ha salido al quite de la huelga en "su periódico" ha sido Emilio Botín con un artículo titulado con un rotundo: No hay plan B. En él argumenta la irreversibilidad del proceso que nos obliga a pagar la deuda soberana. Se reitera en su filosofía del pensamiento único, que tantas alegrías le proporciona, y hasta habla de la necesidad de una política común que beneficie a su concepto de lo que debe ser la banca. Un escalofrío conspiranoico me recorre la médula. Los medios controlados repiten el sainete monoteista de Botín y sus secuaces: No hay marcha atrás. Editorial de El País: Rajoy no cambia su hoja de ruta tras la movilización del 14-N. La prensa canalla, que diría Máximo Estrella, siempre al servicio del que la tiene más gorda (la cartera claro). Intentan convencernos de que no merece la pena resistirse. De que éste via crucis es nuestro único camino. Tras leer todo esto, una cancioncilla martillea mi cabeza: " Camino de rosas/ camino de flores/ camino, camino/ que a MÍ... no me jodes" ¡Va por ud., señor Botín!

EL OPUS Y EL PODER

EL OPUS Y EL PODER
No parece coherente que un estado aconfesional cuente entre sus ministros con tan nutrido grupo de simpatizantes de una secta integrista como el Opus Dei. Pero España, una vez más, es diferente ( sobre todo en lo relativo a la interpretación esperpéntica que le damos a las cosas).
Por eso no es extraño que el ministro de Interior, Fernández Díaz, declare cariacontecido que acatará el fallo del TC respecto al matrimonio homosexual. ¡Qué remedio hermano! Pese a que la sentencia ataca sus principios fundamentalistas, el ministro se sacrifica, no dimite y asume el cilicio de verse obligado a respetarla.
Se traga el sapo por un objetivo superior: continuar en el poder. Conseguir el poder político y económico es la base motriz del Opus Dei. Las residencias, colegios, universidades o editoriales de La Obra son sus medios de captación de almas. Proselitismo para reforzar la organización y lograr el control de todas las estructuras sociales. Éste es su auténtico fin. Y también la causa de que resulte tan atractiva para la mentalidades fascistas.
El Opus, por definición, se declara anti-comunista, posee una visión fanática de lo religioso y una entrañable y larga filiación con las altas esferas empresariales y militares del país. Vamos, con la extrema derecha. Sus tentáculos han llegado a ocupar altos cargos del gobierno. Fernández-Díaz es uno de ellos. Pedro Morenés, Cristobal Montoro, García Garmallo, Ana Mato, Ana Pastor o Fátima Báñez son algunos otros de los ministros afines a la doctrina de Balaguer. ¡Estamos plagaditos! Componen los cuadros de mando de nuestro estado ¿aconfesional?. Si además tenemos en cuenta que el Opus es abiertamente partidario de un Nuevo Orden Mundial gobernado por sus teorías ultrareligiosas y fascistas, ¿qué podemos esperar de Báñez o Fernández-Díaz?
Son meros peones, anácronicos y absurdos, pero muy útiles a sus planes. Supernumerarios obedientes. Solícitos para favorecer a las élites del poder. Un peligro letal para todos los demás. Una plaga institucional a erradicar.

NO TODOS SOMOS ÁNGELES

NO TODOS SOMOS ÁNGELES
El padre Ángel (fundador de mensajeros de la paz) sostenía en una entrevista reciente que los banqueros también tienen alma y que irán al infierno. Pero que nadie se regocije antes de hora. Inmediatamente, el bondadoso cura, admitía que ni él mismo cree en el averno.
El infierno lo conoce en otro plano más carnal, más humano. Toma forma de hambre y de pobreza. Dos palabras que el padre echa de menos en el Congreso. Nadie osa pronunciarlas por si hacerlo conjurara el hechizo que mantiene en la idiocia cognitiva a la élite política.
El hambre y la pobreza avanzan sin que los partidos se atrevan a llamarlos por su nombre. Aceptar su realidad supone enfrentarse al fracaso y a la irresponsabilidad política. Hace falta mucho valor, cualidad extraña entre los de esta casta, para coger el toro por los cuernos de las desigualdades e injusticias que sufre el personal y darle un volteo. Mensajeros de la Paz desarrolla una labor encomiable, imprescindible en una sociedad a la deriva. Son una muestra de la grandeza de algunos seres humanos, dejando las creencias a un lado, que sienten con-pasión por sus congéneres. Artífices de redes de solidaridad para amortiguar la caída de los desheredados. Pero no todos somos ángeles. No todos poseemos esa pureza de espíritu del padre Ángel, capaz de no desear ningún mal a los autores materiales del hambre y la pobreza.
Algunos queremos que paguen por sus delitos. Queremos que los que han sembrado el paro, los salvajes desahucios, la desprotección social...(en definitiva, el hambre y la pobreza), se enfrenten a la justicia por sus crímenes. Y que los legisladores hagan leyes que blinden las necesidades de la ciudadanía de la rapiña financiera. No somos ángeles. Somos mujeres y hombres corrientes que no pensamos quedarnos parados mientras nos ajustan los grilletes del hambre y la pobreza. Somos ese gérmen que no se resigna y se materializa rodeando el Congreso o apoyando la Huelga del 14N. Auténticos demonios dedicados a convertir la vida de estos estafadores en un infierno. Su peor pesadilla.

EL BOTÍN SANITARIO

EL BOTÍN SANITARIO
Igual que pasa con el resto de los derechos elementales de los seres humanos, la salud también tiene un precio en la hoja de ruta del gobierno. Era previsible que los ultraliberales, jugadas hasta la extenuación todas sus anteriores bazas y burbujas, atacaran el botín de la sanidad pública para ampliar su mercado de negocio. Han repetido como posesos el mantra del ahorro que supone la privatización para las arcas comunes. A fuerza de insistir, han hecho creíble que era necesario desmantelar una de las mejores sistemas de salud del planeta y venderlo a ambiciosos empresarios para que sea rentable.
Pero, ¿es que la salud de las personas debe tasarse en función de su rentabilidad mercantil? Además, si hablamos de números desnudos de cualquier ética social, privatizar la sanidad es un gran negocio, sí. Pero únicamente para los particulares agraciados por el bombo loco de la administración de turno. A fuerza de despedir personal y escatimar en pruebas y tratamientos, los nuevos señores de la salud verán medrar sus business mientras se deteriora la sanidad pública.
Y aquí radica el fundamento primero de la filosofía neocon: La vida de la gente no importa, no vale nada si careces de dinero para poder mantenerla. Es así de crudo el tema. Toda estafa global debe ir acompañada de otras estafas locales que, en avanzadilla, van tomando las plazas. Si perdemos la de la sanidad o la de la educación, acabaremos perdiendo esta guerra abiertamente declarada. Son la base de cualquier sociedad civilizada que quiera progresar. Junto al trabajo, la sal y el motor para superar las dificultades que padece nuestro pueblo. El copago, el repago, re-copago (o como quiera llamarle cada uno) componen el conjunto de timos incendiarios que acompañan a la gran traca sanitaria. A la ciudadanía se le está robando lo que le pertenece por derecho. La vida pasa a ser otro privilegio que solo puede pagar don dinero. Si no tienes cash para tratar tu cáncer o comprar tus retrovirales, será un problema privado que no concierne al estado. El estado está a otras cosas. Tiene la mente ocupada con mayores empresas que velar por la salud de los pobretones súbditos. Anda enfrascado hasta los codos en sus faenas de casquería. Pregonando la descuartizada mercancía al mejor postor. Vendiendo a los amiguetes el fruto del saqueo de lo público .
A lo de siempre: a lo suyo y a los suyos. No a lo nuestro.

UN PAÍS SIN VERGÜENZA

UN PAÍS SIN VERGÜENZA
Garzón declara desde Argentina, sentir vergüenza de que su país haya vuelto la espalda a las víctimas del franquismo. ¡Vergüenza! Un sentimiento que crece parejo a la indignación entre la ciudadanía. En esta tierra media poblada de esperpentos y fantasmas, los fachillas encuentran un habitat seguro y provechoso. Siempre estuvieron aquí. No tuvieron que cambiar un ápice de su discurso fascista para continuar medrando política y socialmente durante la democracia. Se les permite (como a Falange) presentarse a las elecciones y publicar en sus webs violentas odas de apología golpista con absoluta impunidad. Por si las moscas. No sea que los señoritos se encabronen y vuelvan a liarla parda como en el 36.
Los represaliados continúan en las amargas fosas del olvido cobarde para no reabrir heridas. ¡Qué delicada muestra de sensibilidad... con los asesinos! Estos huesos son rehenes de un país conmocionado por el miedo. Sin bemoles para juzgar a los verdugos de miles de compatriotas que continúan en los agujeros donde fueron arrojados. Podridos de vergüenza.
En un requiebro de mi pensamiento, me vienen a la mente las palabras del monarca sobre nuestra salida de la crisis: "Con un cuchillo en la boca y sonriendo". ¡Ahí va un órdago de raza torera carpetovetónica!. A chulos no nos gana nadie de Juan Carlos I para abajo. Pero para limpiar la casa propia nos convertimos en gallinas. Gracias a ello, los herederos ideológicos de aquellos barros ocupan cargos destacados en nuestra política. Gracias a la permisividad institucional de la que disfrutan, pueden difundir que quieren que se declare un estado de guerra y que se envíe al ejército a apaciguar Barcelona. Como hacen el suegrísimo y el cuñadísimo de nuestro "moderado" ministro de justicia, Ruiz-Gallardón, desde la Fundación Francisco Franco. Fundación que, por otra parte se ha venido nutriendo de sustanciosas subvenciones con el dinero de todos nosotros. Incluidas las familias de los ejecutados por el régimen de Franco. ¿No les parece una ironía fina propia del marqués de Sade? Pues eso: ¡Mucha vergüenza!

SU ÚNICA PATRIA... LA PASTA

SU ÚNICA PATRIA... LA PASTA
Nada que ver con el romanticismo ácrata del pirata de Espronceda. Los bucaneros de los que hablamos son otro rollo. Se retratan a sí mismos como gente de orden. Incluso como fervientes católicos y sentimentales, la gran mayoría. Son personalidades de la política y del más relevante mundillo empresarial. Patriotas de la nacionalidad que más conviene a la buchaca. Filibusteros que gustan de colgar en las escuelas su retratos. Personajes ilustres que evaden a todo ritmo como el padre del Presidente de la Generalitat , el Sr. Artur Mas; José María Aznar; Mª Dolores de Cospedal; Rodrigo Rato; Narcís Serra; Eduardo Zaplana; Miguel Boyer; José Folgado; Carlos Solchaga; Josep Piqué; Rafael Arias-Salgado; Pío Cabanillas; Isabel Tocino; Jordi Sevilla; Josu Jon Imaz; José María Michavila; Juan Miguel Villar Mir; Anna Birulés; Abel Matutes; Julián García Vargas; Ángel Acebes; Eduardo Serra; Marcelino Oreja... Y así hasta más de 569 ejemplares ciudadanos (sin olvidar al bueno del señor Botín) que ocultan su fortuna en a nuestro fisco en la banca suiza HSBC. Y no lo digo yo, que servidora solo hace referencia a un interesante artículo que Vicenç Navarro ha publicado en ese conocido diario stalinista llamado New York Times. Por lo visto, la lista la ha filtrado un pajarito que fué despedido de dicho banco por su afición a cantar nombres de defraudadores. El caso es que la propia Agencia Tributaria reconoce que en estos grupos de célebres chorizos amantes de los Alpes suizos se centra el 74% del fraude fiscal en España. ¡Chupáos esa, perro-flautas quincemayistas! ¡Viva el mal, viva el capital! ¡Ahora!, al márgen de cualquier reflexión ética sobre el asunto, ¿ alguién cree que podemos sobrevivir a esta casta elitista que nos succionan la sangre mientras se nos descojonan? ¿Podemos soportar más desahucios, más parados, más austeridad, miseria e injusticia sin que se quiebre la dignidad de este pueblo?Yo no se ustedes pero, como decía Serrat, entre estos tipos y yo hay algo personal.

ENCUBANDO LA RABIA

ENCUBANDO LA RABIA
Estoy enferma, lo se. No se trata de un mal físico que se pueda sanar con medicinas o cuidados. Es otra cosa. El primer síntoma fue una tristeza pegajosa que se me agarró en el hígado. Lo sentía golpeado por esos heraldos negros de los que hablaba Vallejo. Noticias escalofriantes en forma de estadísticas que cuentan la desdicha de la gente con guarismos asépticos. Una hemorragia de parados, cada uno un drama personal e intransferible, para esta sociedad prefabricada del sálvese quien pueda. Luego vino la fiebre que me subió de repente al contemplar que nadie hacía nada para evitar la sangría. Por el contrario, los pretendidos remedios escondían un criminal acelerante. Nos decían que la reforma laboral podría ser un torniquete que cortara el trágico fluido de desempleados. Mentían a conciencia o, más bien, a falta de ella. ¿Cómo se va a crear trabajo abaratando el despido? ¿Cómo fulminando los derechos, rebajando los sueldos o acabando con lo público? Ya vamos camino de los seis millones de parias del sistema. Mentían, mienten. Simplemente no quieren arreglarlo. Los políticos dicen que buscan medidas para combatir el paro pero no toman decisiones concretas para hacerlo. Recetan austeridad y no exploran alternativas a la tenaz anorexia a la que nos someten. Tampoco quieren ocuparse de los desahuciados. Entregan nuestro dinero a los bancos, a los ejecutores de las personas que se quedan sin vivienda. Permiten, gracias a una ley del s.XIX, que les roben sus casas cuando caen en desgracia. Y por si fuera poco, consienten que sus vidas se hundan en un pozo de miseria arrastrados por una deuda eterna con esta banda de trileros financieros. En este país rescatamos bancos, no seres humanos. La Constitución solo se abre, como un melón jugoso, para hacernos avalistas de sus tropelías. No para facilitar la dación en pago o proponer moratorias que ayuden a aplazar las hipotecas a los desempleados. Algunos deciden suicidarse. Yo creo que son crímenes de estado. Me sobreviene una arcada. Amancio Ortega nos muestra su lado filantrópico. Potentes alabanzas, loas sin fin para el tercer hombre más rico del mundo. Ha donado veinte millones para cáritas. Generosas limosnas de los poderosos que evaden sus impuestos con subterfugios legales y explotan en sus deslocalizadas fábricas a los trabajadores. De las comisuras de mis labios brota una espuma verde. Una baba espesa y muy amarga. Creo que ya se lo que me pasa. Estoy encubando la rabia.

EN HUELGA CONTRA LAS CENIZAS

EN HUELGA CONTRA LAS CENIZAS

Podría llenar párrafos y párrafos de miles de motivos para participar en la huelga del 14-N. Podría argumentar hasta quedarme afónica sobre la utilidad de este instrumento. Contradecir a los agoreros pusilánimes que cuestionan su eficacia para cambiar las llamas que prenden nuestro mundo por un ejército de corazones ignífugos, de irreductibles voluntades que no teman a su fuego. De mujeres y hombres decididos a no ser pasto del furor homicida que desata la avaricia de una élite psicópata. Podría jalear a a las prietas filas de los deseherados a terminar con todo lo que se interpone contra su vocación natural de humanos libres. A levantar sus puños, desnudos de miedo y armados de razones, ante las cuencas vacías de los depredadores. A salir a la calle para reivindicar que la tierra, el pan y la justicia no son el privilegio de unos pocos, sino el legado que por derecho corresponde a todos y cada uno de nosotros. El fruto de las históricas luchas de otros trabajadores que se dejaron la piel, y hasta la vida misma, para que su descendencia no probara los grilletes. Podría apelar a la vergüenza que debiera darnos condenar a nuestros hijos a vagar por un desierto de cenizas donde sea imposible que germine la esperanza. Explicar que la pasividad y el desaliento engordan las satisfechas barrigas de los explotadores. Invocar la poesía que quiebra el pensamiento único con el que nos adormecen para convencernos de que no hay otra salida. Para persuadirnos o aterrorizarnos con la intención de aniquilar nuestra capacidad de resistencia. Podría desangrarme y fluir por estas líneas intentando activar cualquier resorte que nos devuelva el orgullo de clase obrera arrebatado.
Podría... De hecho, puedo y quiero. 

TODA ESPAÑA ES SU GUERNICA

TODA ESPAÑA ES SU GUERNICA
Estamos tocando fondo. El estupro social no cesa ni un segundo. Constantemente somos vejados, arrastrados por el fango de la miseria material, vapuleados emocional y físicamente, despreciados en nuestra humanidad cosificada, prostituidos a la fuerza en el macro burdel que regenta don dinero. Poderoso proxeneta que engorda a sus secuaces abusando, en un mete-saca impenitente, de un pueblo al que se le prohibe defenderse. Al que se le niega hasta un razonable pataleo frente a la violación de todos sus derechos. Dicen que España es un gran laboratorio donde el FMI experimenta con los límites de nuestro sufrimiento. Cobayas a los que se priva de alimento, cobijo y esperanza. Y que, si intentan revolverse, reciben una descarga de mamporros para condicionarles a la apatía frente a los abusos de los malvados Mengeles financieros. Nos inoculan el miedo para ver cuánto aguantamos. Y si aún así, si un conato de dignidad sobrevive al tratamiento, pretenden reducirlo a golpes de decreto. O simplemente a hostias legitimizadas.
Jóvenes reprogramados para el mercadeo de esclavos que reclama el Nuevo Orden. Sin educación, sin sanidad ni trabajo, sin sueños ni futuro. Corruptos que brotan como hongos en el fértil humus de una moral putrefacta. Desahuciados, parados, discapacitados, débiles criaturas que ya no rentan nada. Que solo son un estorbo desechado en el infinito cubo de basura donde se vierte la vergüenza de esta patria. ¿Hasta dónde aguantaremos? ¿Cuál puede ser la raya que, una vez rebasada, haga saltar por los aires las probetas de ensayo de estos sádicos?
Ahora les toca tantear la aniquilación de otro derecho: la libertad de expresión. Califican de perverso que mostremos las imágenes de sus fuerzas represoras estrangulando muchachas indefensas. Pateando los pacíficos cráneos de una ciudadanía que rehusa ser la rata de sus experimentos. Una vez más, lo que no se ve, no existe. Toda España es su Guernica, donde prueban las bombas de destrucción masiva y no quieren que exista resistencia alguna. Que sus tropelías no aparezcan en la foto. Perversos sois vosotros. Genocidas disfrazados de científicos. Vosotros sí que sois nuestra mortal pandemia.

PELIGROSOS RADICALES

PELIGROSOS RADICALES
Mi primer encontronazo con las fuerzas de seguridad del estado fue en 1978, cuando apenas contaba con 14 años de edad. Había empezado a cursar los estudios de bachillerato en un instituto público zaragozano que carecía de presupuesto para calefacción y por cuyas aulas las ratas campaban a sus anchas, ávidas supongo de adquirir conocimientos. Tal era el grado de familiaridad que la chiquillería alcanzaba con los roedores que llegamos a ponerles nombre e incluso protegíamos amorosamente las camadas de sus crías alimentándolas con nuestros propios bocadillos. Durante ese invierno, singularmente frío, la muchachada estudiantil decidimos hacer algo insólito y evidentemente subversivo: manifestarnos para evitar morir congelados mientras intentábamos recibir clases en las abarrotadas estancias de aquel arcaico centro. He de aclarar que por aquel entonces, servidora no entendía un pijo de política. Recién salidos de la dictadura, pocos padres habían vencido el miedo a opinar sobre estos temas y mi familia no era una excepción. Ahí estábamos, reunidos en la cesaraugustiana Plaza de España, un grupo de adolescentes abertzales que amenazaban el orden público con su desafiante acné y unas insolentes soflamas que reclamaban un poco de calor. Las autoridades de la época, atentas a nuestras reivindicaciones, nos enviaron varias tocineras repletas de "grises" (los antecesores de los actuales anti-disturbios) para satisfacer nuestras peticiones. ¡Y vaya si nos calentaron! Aún recuerdo la eficacia con la que se emplearon para hacernos sudar la gota gorda esquivando las ardientes porras y balas de goma que usaron a tal efecto. Fue entonces cuando, súbitamente, entendí que eso que llamaban democracia aún estaba verde para el consumo ciudadano. Ese fue mi bautismo político. Una respuesta tan violenta que agitó la maquinaria de mi impúber y huera cabecita. Ésto no pasaría de ser una de las miles de anécdotas de la "beatífica" transición si no fuera porque, transcurridos 34 años en ese limbo que algunos llaman democracia, las cosas no han cambiado tanto. Cuando escucho al ministro Wert o al portavoz popular Alonso calificar de extremistas a los padres y estudiantes que defienden la enseñanza pública o a la devota Cospedal negando el derecho de manifestación a los escolares y sus familias, creo haber caído por un agujero de gusano que me deposita otra vez en esos turbulentos tiempos. Y como entonces, muchos chicos y chicas que solo pretenden estudiar, están recibiendo la lección más importante de su vida: Que los peligrosos radicales son los que estan dinamitando la educación pública.
Deberían andarse con cuidado. A ver si a base de tanto recalentar a los jóvenes les va a dar por pensar y acaban de una vez con esta aberrante y deforme visión de la política.

¡MÁS BASURA!

¡MÁS BASURA!

Imitando chabacanamente a los hermanos Marx en el oeste, los peperos alimentan la caldera de la indignación a todo trapo. Solo que, en vez de madera, ellos son más de arrojar detritos y basura hasta provocar la anoxia general de la ciudadanía. Nos falta el aire. El ambiente está tan enrarecido, huele tanto a podredumbre, que apenas podemos respirar sin que las arcadas convulsionen nuestras tripas. La última, o una de ellas, (¡son tan prolíficos en generar basura!) fue el comentario lanzado por el efímero presidente de los españoles en el exterior, José Manuel Castelao: "Las leyes son como las mujeres, están ahí para poder violarlas". Dos días ha durado el pájaro en su cargo. Eso sí, que nadie crea que su cese se ha debido a una reacción fulminante del gobierno por el repulsivo lapsus que evidencia la catadura moral del personaje. Según sus propias palabras, la causa de su dimisión radica en motivos personales. No se que da más asco. Por otro lado, creía que los motivos personales solo podemos tenerlos las personas. Pero resulta que unos cerdos, con peor origen que los cerdos, también gastan de estas cosas. Hay un par de amigos escritores que a menudo me aconsejan que no ponga tanta pasión en mis escritos. Que modere mi pluma y guarde la distancia con los acontecimientos. Seguro que no les falta la razón. Pues ya me perdonarán si hago caso omiso de sus sabias recomendaciones. Cuando la porquería me abofetea con el desprecio chulesco que emplea en su verbo esta gentuza, me sale esa vena arrabalera de clase proletaria que no quiere entender nada de guardar las distancias con sus depredadores. Los Castelaos que a diario nos escupen su cochambre en nuestras peripatéticas jetas, me transforman en algo similar a un gremlin. En una hembra peligrosa que no piensa escatimar zarpazos e improperios para revolverme fiera a sus provocaciones. No se qué pensarán ustedes. Quizás no sea elegante calificar a la mierda como mierda, sin paños fríos o sinónimos floridos. Pero a estas alturas de la asfixia, ni quiero ni puedo, ni debo. Y además, ¡no me da la gana!

EN PIE DE PAZ

EN PIE DE PAZ

"Lo esencial es invisible a los ojos", repetía el Principito de Saint- Exupéry. Invisibles, como Mayor Oreja pretende que sean las cargas policiales contra los indignados ciudadanos españoles. Lo que no se ve no existe, piensa el nostálgico franquista tildando de disparate la retransmisión televisiva de la brutal represión sobre los manifestantes. La sangre de los revoltosos destacaría agresiva sobre el uniforme blanquinegro de sus informativos institucionales. RTVE ya no está para estas cosas. ¿Acaso alguien recuerda que salieran en el NODO los porrazos de los trístemente célebres "grises" del fascismo?
Por supuesto que no. Eso podría haber alentado a esa inmensa mayoría silenciosa (por la gracia de dios y del Caudillo) a sacar los pies del tiesto de la dictadura. Claro que corrían otros tiempos. Tiempos de silencio impuesto a sangre y fuego. Cimentado sobre la sórdida base de un millón de muertos. Pero a pesar de la invisibilidad manifiesta de una España sometida, Franco y sus secuaces existían. A veces creo que aún existen. Quizás hayan adoptado nuevas formas pero están entre nosotros. Bajo el pellejo de demócratas apenas consiguen camuflar las garras de la fiera.
Y como tal se defienden al sentirse acorralados por este pueblo que sufre y se desangra por defender pacíficamente su pan y su futuro. Nos acusan de golpistas. Nos describen como radicales energúmenos que amenazan, con sus manos desnudas y sus apaleadas costillas, el orden constitucional que se sacan de la manga. Nuestras armas son mucho más sofisticadas que las que el malevo estado exporta a tirios y troyanos. Esas cabezas abiertas por su guardia pretoriana son más censurables que las máquinas de muerte que vendemos a países en conflicto o que violan alegremente los derechos humanos. No tienen escrúpulos para defecar en la casa del vecino pero se ponen melindrosos cuando la porquería patria asoma en las portadas de la prensa canalla. Lo que no se ve, no existe. O eso creen ellos.
Pero aquí estamos, rodeando un Congreso que no nos representa. Aguantando la lluvia de hostias y mentiras con las que responden a nuestras legítimas demandas. Volveremos a hacerlo cuantas veces sea necesario. Con esa no-violencia que tanto les asusta. Levantando barricadas con unos cuerpos magullados por sus matones a sueldo recortado. Por una policía que machaca la educación y la salud de sus compatriotas ( de sus propios hermanos, padres e hijos) defendiendo leoninamente el búnker donde se esconden los auténticos violentos. Custodios de la inaccesible mezquindad de los enemigos de su gente. Amparando a los cobardes de nuestras peligrosas brechas abiertas a golpe de insensibilidad y de injusticia. Acatando las órdenes de los que nos han declarado la guerra. También a ellos aunque no lo entiendan. De esos que quieren esconder bajo la alfombra que hemos aceptado recoger el guante( y el guantazo) de todas sus afrentas.
Que no tenemos miedo mas que al miedo. Que estamos en PIE DE PAZ y (censurados o no) ya no pensamos reblar hasta ganar la contienda.

¡QUE SOY COMPAÑERO COÑO!

¡QUE SOY COMPAÑERO COÑO!
El secretario del SUP se reitera en el lamentable tuit que colgó en las redes sociales: ¡Leña y punto!. Sánchez Fornet sostiene así su desliz internaútico y se viene arriba afirmando que, a pesar de la negativa del gobierno, hay policías infiltrados entre los manifestantes.
Explica el hombre que es una práctica común camuflar agentes entre bandas de narcotraficantes o grupos terroristas y que a nadie le parece mal. La cuestión es en qué categoría clasifica a los aporreados, tiroteados y vejados ciudadanos que, ¡oh ilusos!, pretendemos ejercer nuestros derechos fundamentales de manifestación o libertad de expresión. ¿Nos convierte ésto en peligrosos miembros de Al-qaeda? Así deben interpretarlo las autoridades cuando la respuesta a nuestras ínfulas democráticas son una somanta de hostias como la más pura tradición fascista manda.
La mañana del 26-S, los autobuses que salían desde Zaragoza a Madrid fueron abordados por las fuerzas de inseguridad del estado. A sus ocupantes, entre ellos chiquillos o personas de avanzada edad, se les cacheó, registró y escudriñó con los hocicos de unos canes que portaban otros perros cancerberos del orden institucional. Viajar a Madrid en este día, los convirtía en potenciales criminales que no merecían otro trato que el de la vejación y el abuso. Luego, en la capital del reino, llovieron palos, pólvora y balas de goma contra los rebeldes al estupro social que padecemos. Hay que cumplir la legalidad dice Cifuentes. ¿Se referirá la delegada del gobierno a esa legalidad que se pasa por el forro su marido ( en paradero desconocido y con una orden de busca y captura sobre su persona)? ¿O acaso a la que ha quebrado su partido vendiendo gato por liebre con un programa electoral más falso que un euro de cartón? Pues va a ser que no. Es obvio que la policía española tiene otras prioridades que la de perseguir estafadores o corruptos. Los verdaderos enemigos de la patria (esa que usurpan divinamente la progénie ideológica del difunto tío Paco) somos los demócratas, nos lo están dejando claro.
El presidente, como tiene por costumbre, aprovecha sus estancias en el extranjero para hacer declaraciones sobre nuestro país. Desde Nueva York, alaba a esa mayoría que no se manifiesta y que sufre en silencio las almorranas del paro, la miseria y la injusticia con la que nos inundan.
Con las brasas de su puro prende fuego al ignominioso artículo publicado en el New York Times que muestra esa España en blanco y negro de personas rebuscando en los cubos de basura. Falacias anti-españolistas. Nos tienen manía, brama la caverna.
Mientras tanto, el caleidoscopio nacional no miente. Por muchas vueltas que le den, nuestra sociedad refleja las pinturas negras del paro, los desahucios, las interminables filas en los comedores sociales o la represión.
Cuando se rocían las calles de gasolina, no parece buena idea sacar a los maderos a caldear el ambiente. La leña que reparten indiscriminadamente aviva las llamas de la hoguera. Hasta les cuesta reconocer a sus propios agentes infiltrados que se ven obligados a gritar: ¡Que soy compañero, coño! para que no les partan el alma los colegas.

CUANDO EL MIEDO SALTA DE TRINCHERA

CUANDO EL MIEDO SALTA DE TRINCHERA
La convocatoria para rodear el Congreso ha puesto a los jefazos de los nervios. Ellos estaban ahí tan tranquilitos, a sus recortes, sin que la presión ciudadana les desviara un milímetro de su aciaga misión desbrozadora. Desmantelar un estado de bienestar como éste y retrotraernos a la sociedad de los años cincuenta no les está costando demasiado. Sinceramente, creo que esperaban mayor resistencia. Pero fueron probando y probando, dando bocados lobunos a la sanidad y la enseñanza, ajustándonos ese yugo que han denominado reforma laboral, alimentando con dinero público la indecente gula de la banca (mientras los caídos por la crisis son desahuciados de sus viviendas), quitando las ayudas a los discapacitados... Ya saben, a lo suyo. O mejor dicho, a lo que mandan la Merkel y su cuchipandi financiera. Porque nuestros diputados, al menos esa mayoría bipolar que se alterna en el gobierno, sí que son buenos vasallos. Acatan sin rechistar los sacrificios que el Reichstag les exige. Eso sí, desde su atalaya elitista donde se sienten inaccesibles a la quema. No como esos revoltosos del 25-S. ¿Quién les manda alborotarse? Todo eso de la soberanía del pueblo queda muy bien sobre el papel pero, ¿de verdad creen que pueden ejercerla? ¡Ni de coña! Si no que les pregunten a los empapelados por la acusación de promover esta iniciativa. A pesar de que se ha explicado por activa y por pasiva el carácter pacífico de la misma, la maquinaria represiva les tilda de sediciosos y viaja en la máquina del tiempo para justificar los arrestos preventivos.
Escribo estas líneas unas horas antes de la cita en el Congreso. Parece que un ventilador gigante está esparciendo partículas de miedo por el aire. Aunque esta vez, el pavor que intentan meternos en el cuerpo, nos ha puesto estupendos. Nos han cabreado esas formas fascistas de reventar una protesta legítima que solo es una consecuencia lógica de la crueldad con la que se está tratando al pueblo. Osea que no descarten que el evento sea un éxito multitudinario. Los que creemos en la libertad somos así. Basta que nos prohiban una cosa para que nos entren más ganas de hacerla. Y eso da miedo, ¿verdad señores diputados? A ver si nos va a dar por practicar activamente de demócratas y se les acaba el chollo. Para mí que, más de uno, está que no le llega la camisa al cuerpo. Puede ser que el miedo, al final, acabe saltando de trinchera.

LOS DE ENFRENTE

LOS DE ENFRENTE
Traspasando la última frontera de los valores que nos hacen humanos, existe un territorio hostil para la especie donde habita la corriente ultraliberal. Está poblado por seres perversos que entienden el mundo como un botín, más o menos sangriento, según convenga a los intereses del mercado. Especímenes crueles que anteponen el dinero a las personas. Almas sin alma que desechan la compasión porque no cotiza en bolsa. Que ven en los derechos laborales o sociales un obstáculo a sus depredadoras intenciones. Una rémora moral que han decidido eliminar.
Son esos que Miguel Hernández llamaba "los de enfrente". Una raza antigua que se hace cada vez más poderosa en nuestros días, en gran parte, gracias a una crisis financiera generada por la liberalización de sus propias doctrinas. Personajes cínicos que destilan crueldad y desprecio contra los más humildes. Gentuza como el candidato republicano Romney, que ha sido pillado desnudando coloquialmente su ponzoña interior. Abjurando de ese hatajo de vagos y menesterosos (la mitad de los estadounidenses más o menos, según sus mismas palabras) que se creen con derecho a la vivienda, un salario digno o comer todos los días. El mismo discurso de las "mamandurrias" que salía por la boquita de la emérita y laureada lideresa Esperanza Aguirre. Panteras deseosas de un mundo siempre hambriento. Así son ellos. Con una sociedad amedrentada por la pobreza es sencillo imponer su filosofía de selección natural. Porque no hay nada más natural para estos ultras que explotar o desechar a los individuos que vayan cayendo en la gigantesca bolsa de miseria que están preparando. Los desahuciados, los discapacitados, los parados... todos son lacras para el Nuevo Orden. Las aspiraciones a una educación y sanidad públicas, veleidades utópicas que piensan fulminar. Los que queden en pie tras esta criba, compondrán un excelente mercado de acojonados esclavos dispuestos a trabajar sin derechos por el salario del hambre. Por ejemplo, en Eurovegas o en cualquier otro de los delirantes proyectos que perpetran tan divinamente los neoliberales.
Ellos, los de enfrente, nos prefieren indolentes al sufrimiento del prójimo. Potencian un mundo insolidario y competitivo donde prolifere la injusticia. Rechazan al animal humano. Quieren volvernos fieras.

LA VIDA NO VALE NADA

LA VIDA NO VALE NADA
En su último programa, el "Follonero" volvió a meter el dedo en la llaga. Una llaga supurante y visiblemente infectada que llamamos democracia. Resulta que los suizos la entienden de una forma que dista bastante de la nuestra. En Suiza existe eso que aquí nos suena a chino, la democracia participativa. Las listas de los candidatos son abiertas y la ciudadanía está acostumbrada a promover iniciativas legislativas populares que se materializan en referendums populares. Para sacar adelante una ILP se necesitan 50.000 firmas (diez veces menos de lo que se requiere en España). Pero lo más sorprendente es que estas iniciativas no acaban en agua de borrajas. Tienen un carácter vinculante. Es decir, lo que el pueblo vota, acaba siendo ley. Cualquiera de los que nos hemos visto envueltos alguna vez en la recogida y presentación de firmas para una ILP, sabemos de la frustración que supone ver como nuestra labor acaba en el cubo de los sueños reciclables. En Suiza votan en 4 o 5 referendums anuales. En España solo hemos tenido 2 en todo nuestro periplo democrático. Es evidente que estamos verdes. Pero no solo en lo referente a este tema. Los suizos entienden que ellos son el Estado. Los ciudadanos se involucran directamente en la cosa pública. En alguna medida, todos son políticos. En este país es al revés. Todavía prevalece la imagen del estado como ese padre-patrón que toma decisiones en nombre de unos hijos que prefieren declararse mayoritariamente apolíticos. Es verdad que el pueblo soberano también puede equivocarse. Pero al menos será el dueño de su propio destino y no la víctima inane de decisiones ajenas a sus intereses. Si entendiéramos así la democracia no parecería tan tremendo someter a referéndum la independencia de Cataluña. Es más, en una sociedad más comprometida y con mecanismos de participación ciudadana, quizás no se habría llegado a plantear esta cuestión. Somos muchos los que, sin ser catalanes, quisiéramos la independencia de este estado casposo y parricida. En cualquier caso, de nosotros depende abandonar el sillón de las lamentaciones para agarrar el toro por los cuernos. Sacar a pasear el cuerpo para reclamar lo que nos pertenece por derecho: las riendas de la democracia.
Si no lo hacemos, seremos co-responsables de nuestro cautiverio. Nuestra vida, nuestro futuro, no valdrá nada de nada. "La vida no vale nada si en fin lo que me rodea no puedo cambiar cual fuera lo que tengo y que me ampara" (Pablo Milanés).

LA RUINA HUMANA

LA RUINA HUMANA
Una sociedad como la nuestra, acosada por el desempleo y los recortes, corre el grave riesgo de perder el norte emocional. No es extraño escuchar al personal esgrimiéndo un discurso xenófobo. Primero los de casa- dicen- Primero los españoles. ¿Pero qué españoles? ¿Acaso ignoran que la xenofobia es una mera cuestión de clasismo? Los nuevos pobres íberos, que brotan como esporas y a los que se les arrebata la educación, la sanidad y las prestaciones sociales, ¿no son acaso una nueva sub-especie? ¿una nueva sub-raza dentro de nuestra propia raza?
Los que ven bien la retirada de la tarjeta sanitaria a los sin papeles argumentan que no se puede atender a todo el mundo. Que no hay dinero. ¿Serán tan complacientes cuando la deriva que lleva la sanidad les obligue a pagar costosas pruebas y tratamientos que quizás estén fuera de su alcance? ¿Entenderán que su humilde condición ya no es merecedora de una sanidad gratuita?
Mientras los hachazos más crueles se administran al de abajo, algunos justifican la matanza complacidos. La mezquindad y el miedo, aliados con la indigencia moral de estas personas, les induce a creer que así estarán a salvo. Acusan de buenismo utópico a los que luchan por los derechos de los inmigrantes, a los que se preocupan porque siga llegando ayuda al Tercer Mundo, a quiénes no conciben un escenario elitista que cierre los ojos a las consecuencias de las guerras, el hambre y la injusticia.
Primero los de casa.- repiten como un mantra- Pero, ¿los de qué casa?. No hablarán de los cientos de miles de familias desahuciadas. Éstos ya no tienen casa. Se la quitó el mismo sistema excluyente y "racista" que niega asistencia a los sin papeles. Son otras casas las que requieren de su resistencia numantina de borregos. Mansiones como las que habitan Botín y las grandes fortunas de España. Estas son las casas y el status que defienden con su amedrentada ruindad. Una marea de miseria humana que apuntala la supremacía de la super-raza financiera aceptando perder los derechos conquistados para todos. La peor secuela de esta puñetera crisis: La cobardía.

EL ATAQUE DE LOS TUPPERS VENGADORES

EL ATAQUE DE LOS TUPPERS VENGADORES
La chavalería vuelve a las aulas públicas con un recorte brutal en profesores y medios y con el incremento del IVA en el material escolar. Muchos de estos niños, cada día más, pertenecen a familias golpeadas duramente por la crisis. Apenas pueden sobrevivir al pertinaz desempleo o tienen que reajustar su economía al milímetro para poder comprar los libros y el equipamiento escolar de sus pequeños. El 17,1% de los menores españoles ya viven por debajo del umbral de la pobreza. Hablamos de que muchas criaturas pasan con menos de una comida al día. Hablamos de hambre, de carencias elementales en nutrición o educación que siempre achacamos a sociedades menos desarrolladas que la nuestra. Cada españolito viene al mundo con una deuda per capita de 16.000 euros. En vez de un pan bajo el brazo, nuestros hijos traen un pagaré cuyo beneficiario es algún banco extranjero de nombre impronunciable. Leonor, la nieta de ese señor tan campechano matarife de leones, no correrá la misma suerte que la mayoría de sus súbditos. Ella es la única princesa europea que tendrá una educación privada que nos cuesta más de diez mil euros al año. Seguro que Leonor no acudirá a la escuela con tuppers en la mochila. Ni tendrá que hacer cola para calentar, previo pago, las modestas viandas que le haya preparado su mami. No todos somos iguales, nos lo dejan claro siempre que pueden. Y si has caído víctima de esa pobreza que avanza entre la gente, menos aún. En un país civilizado cuidarían exquisitamente la formación y la salud de todos los menores. Un país civilizado comprendería que no puede darse el lujo de despreciar su cantera de futuros talentos. No permitiría nunca que varias generaciones fueran sacrificadas para pagar el tributo al becerro de oro mercantil. Pero ésto es España. Aquí , la injusticia social crece paralelamente proporcional a la desfachatez de nuestros dirigentes. Nos insultan con medidas crueles contra los más débiles. Pulverizan el porvenir y la educación de nuestros hijos. ¿Cuánto calculan que podemos aguantar? He oído que algunos tuppers tienen propiedades paranormales. Que vuelan impulsados por la desgarrada impotencia que supuran los padres agobiados por el cerco a sus familias. Creo que los de Tupperware piensan hacer su agosto y han sacado una colección para los críos. No se si están abiertos a las sugerencias creativas. Por si fuera el caso, les propongo que escuchen las ideas que abarrotan los foros. Además de la variedad arrojadiza, algunos empiezan a reclamar tappers rellenos de hormigón o con mira telescópica. ¡Cómo son estos chiquillos! Este negocio sí que promete tener mucho mercado. Bussines is bussines. Y ya saben, como dicen los jefes, el mercado es el que manda.