OBISPOS, ARCÁNGELES NEGROS Y PSICOTRÓPICOS
Cada día, desde hace cinco meses, Antonio se sobrepone a sus dolores y molestias cotidianas. Toma unas cuantas píldoras de la innumerable lista de fármacos (ahora re-pagados) que son imprescindibles para que pueda seguir habitando en el planeta. Ajusta la prótesis de su pierna ortopédica y trata de obviar una lacerante hernia, inoperable por su delicado estado de salud, para cabalgar sobre una silla de ruedas y dirigirse hacia el ágora donde imparte sus lecciones de amor y valentía. En plena calle Alfonso zaragozana, con la silueta de la basílica del Pilar recortada en el firmamento, el profesor filósofo y laico insiste en enseñar que la resistencia es el único camino de las mujeres y hombres libres. Antonio Aramayona hace una guardia respetuosa en la puerta de la consejera Serrat con un cartel donde se lee:" Por una educación pública y laica". A su lado Marisol, una mujer adorable, inteligente y tierna, le acompaña durante los largos meses que ya dura la protesta. Otras personas acuden ocasionalmente. Estudiantes, maestros, trabajadores, parados, padres o madres de familia, espontáneos que le interrogan sobre sus motivos y deciden quedarse. Son muchos los apoyos, los guiños cómplices (incluso entre los vecinos del portal de la sra. Serrat). Hasta los mendigos y los artistas callejeros le reconocen y saludan como a uno de los suyos. Algunos de los policías que le transmiten mensajes disuasorios de las autoridades o directamente multas y expedientes, susurran avergonzados a su oído que no les gusta hacer lo que les mandan. Que también tienen hijos y temen por su educación y su futuro. Hay otra gente que reacciona airada e insultante. No pueden soportar la dignidad que exhala este hombre enfermo pero más fuerte que un roble. Lo perciben como una bofetada de rebelde alegría en medio de sus momificadas caras. Antonio aguantará más allá de sus fuerzas. Es de otra pasta. Más allá de la presión fascista y coactiva de un régimen enajenado que quiere doblegar a las personas. Su magistral lección, quizás la última, será su propio ejemplo. ¡Va por usted maestro!
La presidenta de Castilla-La Mancha no oculta su ultracatolicismo militante. Militante, porque como practicante deja un poco que desear. Tiene problemas, pequeñas contradicciones con el catecismo que defiende. Se casó, se divorció, volvió a casarse con un divorciado y en el intervalo fue madre soltera recurriendo a la reproducción asistida. Todos pecados gordos según sus creencias. Pero esta es la grandeza de la religión católica: Puedes pecar y pecar contra lo que predicas y luego, con tres avemarías y un padrenuestro, vuelves a poner el marcador a cero. Mientras tanto nada te impide ser inflexible con la moral y la libertad ajenas e incluso legislar para prohibir o sancionar los supuestos pecados de los otros. De la misma forma, los que se comporten como buenos católicos apostólicos y pre-conciliares, aunque sean los denostados funcionarios, serán recompensados. La Junta de Cospedal envió un correo a los trabajadores explicándoles que si asistían a misa, se les beneficiaría con hora y media de dispensa laboral remunerada. Está feo ésto tratándose, como se trata, de un estado aconfesional y de una comunidad que ni siquiera cubre (o lo hace muy tarde y mal) las bajas de dichos funcionarios. Pero además es discriminatorio porque, digo yo, los que pertenecen a otros credos o son ateos ¿no serán compensados de otra forma? A lo mejor la señora Cospedal tiene grandes ideas para conseguir que su funcionariado corresponda a esa marca España, como dios manda, que tanto le pone a la presidenta. Podría, por ejemplo, ofrecerles que fueran recuperando los moscosos y canosos cumpliendo una serie de requisitos. Detalles como llevar la peineta durante el horario de trabajo o rezar el rosario en el rato del bocata. Y sobre todo añadir a los permisos para misas, licencias pagadas para ir a los toros. Así conseguiría un cuerpo de élite formado en los baluartes del nacional-catolicismo. La sempiterna charanga y pandereta que tan virtuosamente bien saben tocar los de su casta.
La Iglesia Católica mantiene, como en casi todo, un doble discurso con los discapacitados (especialmente con los que sufren alguna patología cognitiva). Por un lado, defienden a ultranza su derecho a nacer. Pero lo que ocurra después del parto con esa criatura no parece que les interese demasiado. Es más, muchos sacerdotes prefieren que, estos angelitos libres del pecado original, no asomen sus minusvalías por el templo. Parrocos como el de Padrón (Galicia) o del de Teià (Barcelona) han montado un cristo entre sus feligreses al negarse a dar la comunión a dos niñas, una con un trastorno epiléptico congénito y otra con síndrome de Down. Muy cristiano y caritativo todo. Como las palabras con las que el cura gallego explicó su negativa: "Si es una persona subnormal, no debe acercarse a comulgar" . Pues claro hombre, de subnormales que hacen doctrina sobre fenómenos extrasensoriales ya está surtida la iglesia. Es más, tienen licencia hasta para administrar sus sacramentos y decidir quién merece recibirlos. La Iglesia Católica empuja para anular la ley del aborto. En su Santa Cruzada para salvar la vida embrionaria cuentan con la colaboración de ultracentristas tan destacados como el propio ministro de justicia. Católicos recalcitrantes y nostálgicos del antiguo régimen unidos en la sagrada misión de obligar a traer a este valle de lágrimas a seres con graves deficiencias. Malvados demonios que, tras el nacimiento, les niegan las ayudas para poder subsistir e incluso les impiden el acceso a sus templos. Los ignoran y humillan sin que tanta sádica hipocresía se les atragante en la conciencia. ¿Qúe carajo de conciencia? Ellos son los que pululan éticamente por debajo de la normalidad de nuestra especie. Ellos sí que son unos perniciosos subnormales de los que se debería proteger a la gente.
Si partimos de la premisa de que predicar la homofobia es un delito, retransmitir este mensaje en TVE convierte al ente público en cómplice del mismo. No importa que el discurso esté enmarcado en un rito litúrgico ni que lo suelte un tipo con faldas y bordados que muchas Drags envidiarían. La cuestión es que, un organismo que pagamos entre todos, sirva de púlpito para lanzar soflamas contra la homosexualidad y arremeter contra el aborto. El Obispo de Alcalá de Henares se despachó a gusto con el tema. Con un tono demasiado lúbrico a mi entender, habló de esa bajada al infierno que supone frecuentar los clubs de hombres nocturnos.