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LA PÉRFIDA MIRADA DE BAMBI

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Quizás tuviera algo de culpa la imaginería de Walt Disney. Es evidente que una criatura tan tierna como ese cervatillo de dilatadas pupilas, que atiende al alias de Bambi, solo puede esconder algo sucio, perverso o ilegal. Como poco, estaba colocado. Pero en realidad se trataba de una pérfida estrategia. La de hacernos creer desde pequeños que los animales son seres inocentes que no merecen padecer o morir por el legítimo derecho que tenemos los humanos a practicar el cavernícola "deporte" de la caza.
Entre Dumbos, Bambis y los documentales de Felix Rodríguez de la Fuente, nos fueron ablandando y varias generaciones de españoles sufrimos una catársis empática con el mundo animal que nos obligó a mirarles con mucho más respeto. Da Vinci opinaba que el auténtico salto evolutivo de nuestra especie llegaría cuando lo consiguiéramos. Pues no se lo crean, que los genios también fallan. Con tanta sensiblería amanerada sobre el respeto a los bichos solo cabía esperar que muchos acabáramos convertidos en pusilánimes pacifistas, ecologistas o muchísimo peor, vegetarianos perdidos como servidora. Menos mal que desde la Junta de Castilla y León han decidido dinamitar la gazmoña cultura de Bambi para formar ciudadanos que defiendan las tradiciones más casposas de la patria. Futuros hombres y mujeres de pelo en pecho y costumbres carpetovetónicas. No piojiosillos veganos y animalistas como esos que pululan por el 15-M.
Se impartirán clases de caza en los colegios públicos a los escolares entre siete y doce años. ¡Chúpate esa Leonardo! Valores "culturales" como la caza o los toros es justico lo que necesita la infancia de nuestro país, no esas mariconadas sobre educación a la ciudadanía y el respeto al medioambiente. Los cursillos se llevarán 330.000 eurejos de dinero público. Ayudas que se han negado para la educación infantil de 0 a 3 años o para subvenciones a las actividades extra-escolares en la misma Comunidad. ¿Y qué? Total, en esos primeros años los crios son medio bobos y no aprenden casi nada. Y el que quiera actividades, al monte a disparar a los conejos. Que sepan que les espera un mundo cruel donde deberán elegir entre cazar o ser cazados. Un cruento panorama cinegético en el que a los escolares les ha correspondido el papel de cervatillos. Por mucho que les dejen pegar algunos tiros.

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