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CABEZAS CORTADAS


La música, en relación con el resto de las expresiones artísticas, cuenta con una ventaja casi mágica. Tiene el poder de estimular sensaciones muy profundas entre la gente. Es tan grande su influjo que las emociones que provoca se enredan para siempre con nuestros recuerdos. Entonces sucede el fenómeno: como en un experimento de Paulov, la música consigue que segreguemos momentos evocadores (más o menos dramatizados por la memoria) al volver a escuchar una canción o una melodía determinada. A mí me pasa con un tema de los Talkings Heads que estos días me anda rondando la cabeza. No, no es Psycho Killer. Que no se asuste el personal. Se trata de Heaven. Ese cielo al que cantaba David Byrne está encadenado a un sentimiento claustrofóbico de mi juventud. Un lugar donde nunca pasa nada, dice la letra, donde nunca nada es diferente.
En aquellos años, me encendía viva cuando mis mayores me repetían con beatífica resignación que algunas cosas son así (de injustas) y no se pueden cambiar. Experimentaba la misma impotencia redonda que me agarra ahora mismo. Porque en definitiva, tenía razón Byrne, nada cambia. Aprendemos poco y mal. Por eso somos maestros en repetir los errores. Pero además somos una especie pusilánime. A sabiendas de que el sistema es insostenible, inhumano y terriblemente injusto, nos asusta la posibilidad de cambiar de modelo. Preferimos las llamas del infierno conocido a cualquier paraíso por conocer. Quizás si cerramos los ojos, cuando volvamos a abrirlos todo mejorará, piensan algunos.
Pues tengo una pésima noticia: no será así. Si seguimos impasibles, aferrados a un espejismo celestial que en realidad es el averno, los problemas no se van a desvanecer. Se multiplicarán como los hongos. Es una evolución-revolución de lo que estamos tan necesitados. Y no es que esté incitando a cortar la cabeza de nadie. Personalmente, odio la casquería y todo el pringue gore. Es algo más íntimo y personal, como ese resorte que activa la música en nuestros cerebros. Algo que nos ayude a pensar de forma diferente.
¿Encontraremos la combinación de notas que pueda obrar este milagro? Porque, por lo menos servidora, ya está harta de oír las mismas sempiternas letanías.

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