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PASANDO UN BUEN RATO

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El ministro Fernández Díaz es un hombre piadoso, casi místico, que se revela guiado en su periplo político por el influjo de una santa de Ávila que ya lleva algunos lustros muerta.
De tal declaración se puede extraer una conclusión que salta a la vista: El ministro padece una visión distorsionada de la realidad (y de la piedad, me atrevo a añadir) que desde el punto de vista psiquiátrico podría ser un factor incapacitante para su función pública. Otros lo llaman verdadera fe. Pero entonces, ¿debemos creer que Fernández Díaz actuó bajo el influjo de Santa Teresa cuando se reunió con Rato?  ¿Por qué querría la santa interceder por un "quinqui deluxe" como don Rodrigo?
Los misterios de la fe son inescrutables. Como las decisiones del ministro Fernández Díaz y las explicaciones sobre dicha reunión que dio tarde y mal. Otra vez  se adentró en el mundo de lo sobrenatural aludiendo a unas amenazas fantasma que el pobre Rodrigo recibía en forma de tuits. Y lo de fantasmas no lo digo yo, si no la Guardia Civil que afirman no tener constancia de que existan tales amenazas. Serán telepáticas. Cosas más raras han acaecido, ¿verdad señor ministro?. Mire si no las levitaciones de su santa favorita.
El caso es que tanta desfachatez y desvergüenza no tienen explicación humana ni divina. Las precarias excusas no justifican el motivo ni la naturaleza de la reunión.
¿Cuántas mujeres amenazadas de muerte ha recibido el ministro en su despecho?, ¿Es frecuente que se reúna con imputados?. ¿Sabía Rajoy que se iba a producir este encuentro?
¿Cuánta gente estuvo presente? ¿Qué medidas adoptó a posteriori el ministerio como consecuencia de esta charla informal entre coleguis?
La oposición está friendo a preguntas al bueno de don Jorge. La cosa huele a chamusquina. Fernández Díaz suspira y mira al cielo mientras se agarra a las mentiras piadosas y al argumento del deber cumplido. Me viene a la cabeza una cita: "Cuando un hombre estúpido esta haciendo algo de lo que esta avergonzado, siempre declara que es su deber." (George Bernard Shaw). "
Pero no todo es mentira en esta charlotada. La amenaza de Rato es real. El propio Rato es la amenaza fantasma que planea como una gaviota carroñera sobre el cadáver del Partido Popular.
De momento, se está portando. Sigue siendo "uno de os suyos". Respetando los códigos de silencio para proteger al resto de "la Familia".
Imagino al ministro en su misa diaria. Si uno miente y no tiene propósito de enmienda ¿sirve de algo confesarse? ¿En qué pensará mientras recibe la comunión? Dudo que sea en los afectados por Bankia o en los ancianos estafados por las preferentes. Tampoco parece muy impresionado por el rosario de víctimas del terrorismo machista.
Su añeja vinculación con el Opus le ha preparado para cerrar filas cuando la secta se siente amenazada. Esa es ahora su prioridad. Proteger a la secta.
No se cómo se desarrollaría la conversación entre Rodrigo y Jorge. Si el ministro acariciaría el mancillado cogote de Rato mientras le susurraba mirándole a los ojos: Se fuerte Rodrigo, nosotros te protegeremos. Quizás fue un momento tierno, incluso ñoño, para tratarse de tipos tan curtidos. Pero el deber, como la fe, supone mentirijillas y grandes sacrificios. ¿Qué cómo pasaron el rato?
No tengo ni idea. Pero déjenme delirar un poco en esta delirante historia e imaginar alguna escena de amor mística entre ambos personajes. A Jorge Fernández Díaz clavando su pupila bovina en la ´pupila cornejera de Rodrigo para recitarle estos versos al oído: 
"Si el amor que me tenéis,
Dios mío, es como el que os tengo,
Decidme: ¿en qué me detengo?
O Vos, ¿en qué os detenéis?" (Teresa de Ávila)

 Nunca se sabe lo lejos que te puede llevar el sentido del deber.

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