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MÁS MADERA P´A LA HOGUERA

20140615104207-9aad1-el-roto-aborto.jpgEn esta tragicomedia esperpéntica que estamos protagonizando, a las mujeres se nos restringe a los papeles secundarios. O terciarios, si es que existen. Porque para el pensamiento retrógrado-machista que nos asola apenas somos extras que deben padecer los desvaríos de su guión misógeno. La reforma de la ley del aborto es una trama macabra que nos sitúa en un escenario añejo y represivo contra la libertad reproductiva femenina. Nos retrotrae a aquellos tiempos de los abortos clandestinos, el miedo, el peligro y la humillación. Nuestro vientre no es asunto nuestro al parecer. Lo legislan unos meapilas que quieren ganarse la fidelidad en las urnas del sector más ultra-carpetovetónico, católico y preconciliar. El ministro Gallardón está bordando el papel de ese nuevo Torquemada cazador de brujas abortistas y descarriadas. Con un desprecio absoluto por el libre albedrío, pretende imponer maternidades no deseadas o que se traigan al mundo criaturas con graves malformaciones en una sociedad que ha dinamitado la protección a los más débiles y desamparados. Es como una pesadilla.  ¿Por qué nos odia tanto don Alberto? Porque no puede ser otra cosa que desprecio, o un oportunismo sin escrúpulos, lo que inspira al señor ministro de Injusticia. Por cierto, ¿en qué carajo piensa cuando concede un indulto? Lo digo por uno de los últimos, que ha beneficiado a un guardia civil condenado por grabar una agresión sexual de un amigo contra una joven, omitiendo el socorro y partiéndose de risa. ¿Qué le pasa a este señor con las mujeres? Si solo fuera un trauma de origen freudiano quizás tendría cura a base de psicoterapia intensiva. Pero me temo que es más grave. Lo que agarra a Gallardón no tiene nada que ver con que su madre lo destetara a hachazos de pequeño. Tiene que ver más con la ambición y la arrogancia desmedida del personaje. Los principios, ya lo decía Groucho Marx, pueden cambiarse a gusto del consumidor o del votante. De momento, las mujeres aún votamos. Aunque siguiendo esta linde, no se qué pasará mañana. Primero meten los rosarios en nuestros ovarios. Si lo consentimos, ¿qué será lo siguiente? ¿Les vamos a dejar apilar más leña en nuestra hoguera? Servidora, por lo menos, tiene muy mal arder. No se vosotras.

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