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¡NI UN SUICIDIO MÁS!

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La prestigiosa publicación liberal "The Economist" explica qué es un "chorizo" bajo una foto de Mariano Rajoy. Aclara que además de referirse a un embutido tipico español con forma de salchicha, el término tiene otro significado muy popular en estos tiempos.
Un "chorizo", en el argot de la calle, es un ladrón- ilumina a sus lectores- Y "No hay pan para tanto chorizo" se ha convertido en la más famosa cantinela reivindicativa a lo largo y ancho de toda carpetovetonia.
Pero parece que sí lo había. Digo pan, para los chorizos. Porque aquí a los chorizos se les trata muchísimo mejor que a las personas. Gozan de unos fueros especiales. Ellos se han quedado con todas las hogazas.
Con un futuro canino por delante a la gente nos puede dar por muchas cosas. Algunos saltan al vacío por 22.000 euros de una deuda odiosa que deja en la calle a su familia. Comparado con esa cuenta en Suiza de unos 22 millones del ex-tesorero, parecen migajas.
Pero el salto de Bárcenas es por una pista de nieve de Baqueira. Y no acaba en una negra fosa como el vuelo de Francisco (activista de Stop-Desahucios de 36 años que se arrojó el día 8 desde una ventana). Lo suyo suele ser aterrizar en restaurantes de lujo donde sirven cosas bastante menos plebeyas que pan con chorizo. Lo más cruel, es que la deuda de Francisco sobrevive a su suicidio. Su mujer y su hija la podrán añadir a los gastos del entierro.
A otros, como hizo Ada Colau en el Congreso avalada con un millón de firmas bajo el brazo, les da por perder el miedo y decir alto y claro lo que pensamos la mayoría de la gente: ¡Criminales! Banqueros, políticos y especuladores. Complices en una estafa que mata seres humanos para satisfacer su codicia. Dijo verdades como puños legitimida por la justicia elemental que rezuma su discurso. Los congresistas sufrieron una descarga voltaica en sus necrosadas conciencias al verse obligados a escuchar. No debe ser fácil para estos mentirosos patológicos enfrentar a la verdad a cuerpo. No están acostumbrados, luego les duele mucho la cabeza.
Tenemos que formar parte de esa jaqueca colectiva. Actuar como taladro en el cerebro charcutero de esta caspa política indecente. Con una batería de verdades que les abofetée hasta que se devuelva el pan a sus legítimos dueños y se mande a la brasa a la interminable ristra de chorizos.
¡Ni un suicidio más!. Si no nos han robado (todavía) la dignidad y la vergüenza como pueblo, no podemos consentirlo.

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