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GOLPE A GOLPE

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Foto: Primo Romero

 

La vieja cárcel de Torrero de Zaragoza es otro de los miles de edificios abandonados que abundan en nuestras ciudades. Estructuras desaprovechadas para la ciudadanía que se convierten en golosos objetos de deseo de la especulación urbanística. En este caso, tras cinco años de abandono, las siniestras instalaciones del antigüo penal habían recobrado la vida gracias a un colectivo vecinal. Allí se fundó el centro social Kike Mur  que organizaba charlas, clases de refuerzo, talleres y actividades varias para los jóvenes del barrio. Tras una brutal y desproporcionada carga policial para conseguir el desalojo de las once personas que lo ocupaban, el balance final fué de veinte heridos y un detenido entre los que acudieron a defenderlos. Hablamos de un barrio obrero y comprometido que desarrolla una frenética actividad social y cultural. Gente humilde, que nunca ha recibido la atención de los organismos oficiales, que encontró en este colectivo ubicado en la fantasmagórica cárcel, una salida para las inquietudes de los vecinos. En muchos países de la civilizada Europa, los centros de este tipo proliferan a cuenta de las arcas públicas. Edificios enteros son destinados a lo que, socialmente, se considera un bien para la comunidad. Pero España también es diferente para esto. Aquí, se penaliza el compromiso y la iniciativa de nuestra juventud. No basta con la orfandad institucional que sufren los jóvenes.
Como un padre-patrón desentrañado, el estado imparte su pedagógico discurso, golpe sobre golpe, acerca de la conveniencia de que no le toquen las narices. ¿Que los jóvenes son los que más padecen el paro y la incertidumbre sobre su futuro? Pues en vez de poner medios a su alcance para que puedan desarrollarse plenamente, los que mandan les administran jarabe de palo. No vaya a ser que se les suba la fiebre y lleguen a creer que existe alternativa a su desahucio. Al de la cárcel y al de las personas que, como los del Kike Mur, son capaces de construir esperanzas en medio de las ruinas.

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