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¡MÁS BASURA!

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Imitando chabacanamente a los hermanos Marx en el oeste, los peperos alimentan la caldera de la indignación a todo trapo. Solo que, en vez de madera, ellos son más de arrojar detritos y basura hasta provocar la anoxia general de la ciudadanía. Nos falta el aire. El ambiente está tan enrarecido, huele tanto a podredumbre, que apenas podemos respirar sin que las arcadas convulsionen nuestras tripas. La última, o una de ellas, (¡son tan prolíficos en generar basura!) fue el comentario lanzado por el efímero presidente de los españoles en el exterior, José Manuel Castelao: "Las leyes son como las mujeres, están ahí para poder violarlas". Dos días ha durado el pájaro en su cargo. Eso sí, que nadie crea que su cese se ha debido a una reacción fulminante del gobierno por el repulsivo lapsus que evidencia la catadura moral del personaje. Según sus propias palabras, la causa de su dimisión radica en motivos personales. No se que da más asco. Por otro lado, creía que los motivos personales solo podemos tenerlos las personas. Pero resulta que unos cerdos, con peor origen que los cerdos, también gastan de estas cosas. Hay un par de amigos escritores que a menudo me aconsejan que no ponga tanta pasión en mis escritos. Que modere mi pluma y guarde la distancia con los acontecimientos. Seguro que no les falta la razón. Pues ya me perdonarán si hago caso omiso de sus sabias recomendaciones. Cuando la porquería me abofetea con el desprecio chulesco que emplea en su verbo esta gentuza, me sale esa vena arrabalera de clase proletaria que no quiere entender nada de guardar las distancias con sus depredadores. Los Castelaos que a diario nos escupen su cochambre en nuestras peripatéticas jetas, me transforman en algo similar a un gremlin. En una hembra peligrosa que no piensa escatimar zarpazos e improperios para revolverme fiera a sus provocaciones. No se qué pensarán ustedes. Quizás no sea elegante calificar a la mierda como mierda, sin paños fríos o sinónimos floridos. Pero a estas alturas de la asfixia, ni quiero ni puedo, ni debo. Y además, ¡no me da la gana!

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