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¿Y SI NOS DA POR SER VALIENTES?

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¿Y si decidimos no mirar para otro lado? ¿Qué puede pasar si nos ponemos estupendos? ¿Si no nos da la gana de estar petrificados mientras la sociedad se desliza a tumba abierta hacia la miseria? No se me ocurre un miedo superior al que experimento ante la perspectiva de una vida atenazada por el miedo. Miedo a perder el trabajo o a no encontrarlo nunca. Miedo a no poder cuidar de mi familia. A no poder proporcionar a los jóvenes un futuro libre de chantajes laborales que nos convierten en esclavos o excluidos. Miedo a no poder no tener miedo de expresar libremente mi disidencia con un sistema antropófago que desprecia a la raza humana e intenta someterla. Miedo a no manifestar a este gobierno, al anterior, y a todos los que han seguido la senda para flexibilizar el marco legal que ha permitido esta estafa, que no me representan.
Que no están a la altura. Que todos han sido complices, en alguna medida, del empobrecimiento y la indefensión que está sufriendo la gente.
¿Saben lo que me aterroriza? La catadura moral de nuestra clase política. Su cobardía complice que no les permite plantar cara a los usureros, a los ladrones de guante bianko, defraudadores, corruptos y demás estafadores y mamarrachos que son los auténticos actores del hundimiento de la patria. Igual que me da pavor esa casta empresarial que ha recibido con la reforma laboral un juguete diabólico con el que poder explotar ilimitadamente a los trabajadores. O esos sindicalistas que se entregan o pactan contra-natura sin mover sus orondos culos de la silla mientras se está ejecutando la masacre obrera .
Lo que más miedo me da es que el miedo nos impida pensar con lucidez para discernir que otra forma de política es imprescindible. Estos tiempos son para valientes. Políticos que antepongan los seres humanos sobre las exigencias abusivas que nos imponen. Hombres y mujeres que sepan decir basta a la avaricia de la banca. Enseñarles los dientes, expropiarlos si no cesan en su cruenta sangría con el pueblo. Encarcelarlos por delitos financieros y de lesa humanidad.
El instinto de supervivencia puede superar al miedo. Vivimos tiempos convulsos que, con toda probabilidad, van a empeorar. Todos debemos hacer un esfuerzo, un acto de valor, para que las negras profecías no nos dejen creer que existe algo de luz. Estamos obligados a convertir cada puesto de trabajo, cada derecho, en una barricada. Les juro que algunos pensamos dejarnos el pellejo en esta empresa, pase lo que pase. La ciudadanía tiene más razones que nunca para la desobediencia civil. Ya veremos qué pasa si empezamos a ejercerla masivamente. ¿Van a tener policías para reprimir a millones de personas? ¿Cárceles en abundancia para encerrar tanta indignada rebeldía?
El panorama tiene tintes tétricos, lo admito, pero asusta más pensar dónde serán capaces de llegar si no reaccionamos. Puede que el derrumbe sea la trágica catársis ineludible para posibilitar otro mundo. Uno donde la solidaridad entre los pueblos avale la evolución de nuestra especie. En el que comprendamos que solo tenemos que tener miedo a no ser suficientemente valientes para conseguirlo. Si no, solo nos queda acostumbrarnos a vivir en el s.XIX

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