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MANERAS DE VIVIR

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Desde el 20 al 22 de junio, se celebrará en Brasil la Conferencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible conocida como “Rio+20”. Simultáneamente, tendrá lugar la Cumbre de los Pueblos que congrega a los movimientos sociales y ecologistas del mundo.
La crisis económica está solapando otra de mayor envergadura: la medioambiental. Si se puede calificar de dramática la situación financiera que estamos padeciendo, la ecológica dispara los parámetros de lo tenebroso. Con nuestra cabeza atiborrada de primas de riesgo, recortes multidisciplinares, reformas laborales esclavistas, amenazadores rescates financieros y agujeros negros de la banca que te engullen hasta el pensamiento, es comprensible que la ciudadanía haya relegado a un segundo plano lo que, en realidad, es una urgencia vital para la especie.
Pero, ¡mucho ojo!, los hay que están muy interesados en el tema. Los países ricos que acuden a Río por ejemplo. Los neoliberales, con esas trampas dialécticas que tan sutilmente saben tejer, han alumbrado el concepto de "economía verde" para camuflar sus intenciones reales.
Su objetivo no es otro que el de dar un campo más amplio de mercado al capitalismo rampante que nos ha llevado hasta el colapso. En un sistema que todo lo computa mercantilmente, los recursos del Planeta son un valor mucho más seguro que la bolsa. Todo es privatizable para la desaforada bestia capitalista.: El agua de los ríos, los océanos y su biodiversidad, la madera de los bosques, la propia capacidad de absorción de dióxido de carbono de esos mismos bosques y no duden que, de conseguir embotellarlo, mercantilicen hasta el aire que todavía respiramos libremente.
Los mismos carroñeros que quebraron el sistema financiero negociarán ahora en forma de bonos e instrumentos financieros con los depauperados recursos de la Tierra. Diversificar o morir. Y el capitalismo piensa darnos mucha guerra antes de su defunción definitiva.
Por otro lado, la Cumbre de los Pueblos defiende los bienes comunes de la humanidad. Lo que la Madre Tierra proporciona no puede privatizarse puesto que es patrimonio común. Por eso proponen una cambio hacia una civilización biocéntrica donde también se tengan en cuenta los derechos de la Naturaleza. Así como la soberanía alimentaria de los pueblos o el consumo responsable. Y hacen especial hincapié en la insensatez que supone creer que podemos seguir creciendo ilimitadamente. Precisamente esa idea del crecimiento ilimitado no solo ha esquilmado los recursos naturales, además ha contribuido a la explotación de los seres humanos, a la pobreza y a las desigualdades e injusticias que vivimos ahora.
Mientras el Planeta grita cada uno escuchamos a nuestra manera. Los depredadores habituales solo oyen el tintineo de pasta que les puede proporcionar el nuevo business. La sociedad civil y los ecologistas distinguimos un agónico estertor que identificamos como si saliera de nuestras entrañas. Otros muchos se han quedado sordos por el estruendo de la artillería con la que los machaca la crisis. Pero si aguzamos el oido el mensaje no admite falsas interpretaciones. Nos está diciendo, alto y claro, que el único camino viable pasa por una economía social y solidaria. Vacía del consumismo enfermizo que nos han inoculado. Basada en el trabajo digno y que rechace los productos que se han elaborado mediante la explotación de los hermanos y hermanas de cualquier parte del mundo. Lejos de la especulación alimentaria, apoyando la agricultura campesina.
Una manera de vivir muy diferente a la que nos ha llevado hasta este pozo negro. Podemos aprender. Solo tenemos que pararnos a oir lo que nos está dictando la Naturaleza. Sinceramente, no creo que nos quede de otra.

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