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DEVORANDO A LOS MÁS DÉBILES

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Durante el ataque especulativo contra Grecia en el 2.010, el ministro de finanzas sueco Anders Borg vaticinó con precisión ciertos fenómenos que ahora podemos constatar. "Vemos a los mercados comportándose como manadas de lobos. Si les dejamos actuar, atacarán a los miembros más débiles y los destrozarán”. Hoy nadie puede dudar de la fatal agudeza de este augurio. Los miembros más débiles de nuestra comunidad se van sumando a la interminable lista negra de caídos en la exclusión por una España mejor. La salud es un privilegio de gente con dinero y papeles en regla. No el derecho de una troupe multicolor de indocumentados que son la rebaba sobrante de un sistema que ya no los necesita. Ni el de esos ancianos pastilleros empeñados en vivir más de lo esperado (Para mayor desespero del Fondo Monetario Internacional). O de esos otros perezosos enfermos de diálisis que viajaban tan cómodamente en ambulancia sin que les costara un duro. ¡Por fin se les acabó el chollazo!. Ahora el que quiera este servicio que apoquine. Y si no a patita, que para caminar no te hacen falta riñones si tienes piernas.
Por si tuviéramos poco con el ataque masivo que está sufriendo la enseñanza pública, el gobierno nos demuestra que siempre está abierto a un plus ultra en felonías e insensibilidad. Los dos pilares fundamentales para el desarrollo de cualquier sociedad, educación y sanidad para todos, se están dinamitando con unos argumentos particularmente perversos. Como negarles la asistencia sanitaria a los sin papeles. El discurso xenófobo populista les ayuda a vender lo que no es otra cosa que una injusticia social y una canallada inhumana. Pero el PP, igual que Marine LePen, sabe tirar del hilo del odio que los miserables proyectan contra los que son más desgraciados que ellos aún.
Los insolidarios majaderos que aplauden esta medida, si es que no pertenecen a las élites, que echen mano a sus barbas recortadas. El melón sanitario está abierto para todos. Para sus venerables padres, sus adorados hijos o cualquier ser amado que enferme, (Incluido uno mismo, si es que se tiene en estima) por muy blanco, celtíbero y fiel contribuyente que se sea. Y para perfeccionar el crimen, la enfermedad no solo nos puede acabar costando un pulmón y parte del hígado. Además y gracias a otra gran reforma, la laboral, nos pueden poner de patitas en la calle.
Partiendo, por supuesto, de la idílica situación de que tengas un trabajo del que despedirte
De lo de la educación, ya hablaremos otro día. Que por hoy he fabricado suficiente bilis. ¡No vaya a caer mala!

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