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SOBRE TROMPAS, TRAMPAS, TROMPAZOS Y OTROS MAMPORROS EN LA ESPAÑA CONTEMPORÁNEA

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Golpe a golpe, reforma a reforma, este país empieza a parecer un reino tenebroso y delirante determinado a sofocar cualquier brote rebelde. Sin saber cómo ha pasado, despertamos atrapados en un espejo cóncavo y una España deforme y desdentada ríe las muecas de su esperpéntico reflejo multiplicado en los cristales. Mientras España se ahoga a la deriva (sin que nadie reuna el coraje para capitanear la nave que el Olimpo financiero pretende hacer zozobrar) nuestro soberano va de caza. Ya, ya se que la solución a nuestra cuitas no puede venir de la mano de una institución obsoleta, costosa e inútil como la monarquía. Pero cabría esperar, al menos, un poco de decencia. Aunque solo fuera por cubrir el expediente, y teniendo en cuenta que los españoles pagamos sus trompas, colmillos y demás tétricos trofeos, convendría fingir algo de solidaridad con el sufrimiento de este pueblo.
Pero en el Nuevo Orden ya no son necesarias caretas ni simulaciones. La injusticia, con sangre entra. Con la del inocente elefante que mató Juan Carlos o con la de los piojosos pacifistas que intenten resistir con sus malas artes no-violentas. Resistir no es pacífico, dice el comisario Plá con una sonrisa quebrada desde la pantalla. La misma que se le queda congelada mientras reconoce las trampas, que no trompas, que los antidisturbios emplean para esconder sus placas.
Parecida a la que esboza el Consejero Puig mientras recomienda a la gente que hagan como él, y su mentor ideológico, y no se metan en política. Vamos, que solo estás libre de hostias si te quedas en tu casa y con las manitas alejadas de las redes sociales. Y para rizar el rizo, si no te gusta la receta, la solución de Puig es que te marches del país. ¡Excelso!
Yo no se cómo se sienten ustedes, esos que igual que yo sueñan con una España libre y solidaria que anteponga las necesidades de las personas a los intereses de las élites. Esos que creen que la democracia representa la soberanía popular. Los que no entienden que la Guardia Civil y el Cuerpo Nacional de Policía no se adhieran a la declaración de los derechos humanos. ¿Cuál puede ser el motivo? No se, no se qué pensarán de la grotesca imagen que nos devuelve el espejo de la patria. De la procesión de mamarrachos matones y soberbios que nos hacen la burla en las narices.
A mí me muerde en las tripas como un dolor que avanza. Pero aún así, no pienso ponerme la mordaza ni abandonar España, nuestra España. La del lado bueno del espejo. Por ella, resistiremos trompas, trampas, trompazos y mamporros. Por ella venceremos a nuestros "enemigos"

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