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ANSIA DE CIERZO

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El cierre del diario Público me ha tocado en lo profundo. Empecé a escribir estas cosas que yo hago paralelamente a su salida, allá por el 2007. El estilo periodístico valiente y comprometido de sus profesionales me sirvió de modelo e inspiración. Nunca antes, las voces de la izquierda plural española, pudieron expresarse con tanta libertad como lo hicieron en esta publicación impresa. Hoy tengo la alegría a media asta por la pérdida. Pero sobre todo por la suerte de sus trabajadores. Un material humano de incalculable valor para preservar la independencia ideológica en este país.
El periodismo de raza comparte el duelo. Comprenden la magnitud del zarpazo y saben que la misma garra les acecha. Pero no todo es solidaridad en el escaparate mediático. Desde las grutas paleolíticas lo celebran lanzando piedras al finado. Alguno de los Trolls que pululan por Intereconomía no consiguen fajarse nunca el odio. Les rebosa abundante en cada gesto, cada palabra. Se regodean porque, la desaparición del diario, es una mordaza más que añadir a esta sociedad secuestrada. Otra ligadura alrededor de nuestros cuellos. Un triunfo para los que persiguen la anoxia cognitiva del personal. Tengo un mensaje para estas alimañas: ¡No se me vengan arriba! Como bien dicen ustedes, quién ríe el último...

Público entró en escena como un vendaval que puso patas arriba la casposa ortodoxia del periodismo patrio. Como ese cierzo de mi tierra que desbarata el pensamiento y avienta lejos a las brujas. Pues les diré otra cosa sobre el cierzo: Siempre encuentra la manera de volver. De arrinconar los negros nubarrones hasta dejar el cielo raso y despejado. A este tipo de viento, no cabe ponerle puertas. Es demasiado tozudo.

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