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RIBADULLA BIEN VALE UNAS MISAS

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Les voy a relatar una parábola de plena actualidad que me ha dejado perpleja estos días: Érase una humilde localidad coruñesa que un buen día se enfrentó a la Iglesia por la venta de unos terrenos. Casualmente el prelado de esta diócesis es un sobrino de monseñor Rouco Varela.
No se confundan, no se trata de la sobrina que asomó sus turgentes carnes en el Interviú. Este ha elegido otra rama vocacional de la familia cuya decencia no se puede medir por los centímetros de piel que se muestran sino más bien por los tejemanejes que esconden sus cardenalícios y ultradecentes hábitos. Y parece ser que de tal palo, tal astilla. Porque Alfonso Carrasco-Rouco, haciendo honor a su estirpe de vocero divino, ha dejado sin misas a sus pobladores hasta que la justicia dirima a quién pertenece la parcela. Tras demandar a casi todos sus habitantes, mosén Alfonso decidió castigarles sin la palabra de dios y sus sagrados sacramentos. Bueno, eso de gratis, porque previo pago de 70 euros se hacen salvedades. Así son los Roucos, tipos duros e implacables capaces de condenar a sus feligreses al desamparo espiritual cuando se juegan los cuartos. Parece ser que en el seminario donde cursaron sus estudios no enseñaban los nuevos evangelios. Ya saben, aquello de "mi reino no es de este mundo" y eso de "el que quiera seguirme que se desprenda de todos sus bienes materiales". Ellos se matricularon cum lauden en el Antiguo Testamento. Por eso tienen ese toque hardcore a la hora de querer hacernos expiar nuestros pecados. Y el mayor para esta gente, mucho más que profanar el nombre de dios o deshonrar a los padres, es que les toquen la cartera. ¡Con la Iglesia hemos topado!
A lo mejor, si este chiripitiflaútico estado aconfesional se deshiciera de una vez del lastre de los concordatos vaticanos y dejara de aportar los miles de millones de euros que engordan el cepillo de la Iglesia, los Roucos de este país se mosquearían tanto que nos retirarían los oficios per secula seculorum. Y esa ley de Libertad Religiosa que nunca llega, podría ser el detonante para que las siete plagas invadieran todo el territorio patrio.  Pero si tenemos en cuenta toda la pasta gansa que el Estado ha aportado a la Iglesia yo creo que los españolitos ya tenemos pagados muchos millones de misas. Incluso nos podemos saltar el purgatorio, por el importe de las indulgencias per cápita que llevamos acumuladas, y ascender directamente al cielo. Yo apuesto por jugárnosla.

Publicado en El Plural

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kuentoschinos

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