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EL HUMO Y LA LLUVIA

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Recuerdo una célebre cita que dice: Hay palabras que suben como el humo y otras que caen como la lluvia. Y subiendo de tono están las palabras de algunos sobre el asunto de la ley anti-tabaco. Como fumadora convicta y confesa entiendo que se trata de una ley cívica cuyo objeto es educarnos en el respeto al prójimo. Por este motivo me trago los malos humos y acepto convertir mi tabaquismo en un vicio privado. Aunque he de admitir que lo de fomentar las delaciones contra los infractores me pone un poco de los nervios. ¿Debemos delatar todos los comportamientos ilegales que observemos? Pues va a ser un no parar. Esto se va a convertir en un campo abonado para los más intransigentes que verán realizados sus sueños señalando con el dedo a los delincuentes de la nicotina. También está prohibido hablar por el móvil conduciendo o hacerlo bebido, normas que me parecen correctísimas, pero no se ha animado de la misma manera a que se les denuncie, a pesar de que el riesgo inmediato para la vida ajena es mayor que el de nuestros cigarrillos. Ahora, de ésto a llamar nazi a Leire Pajín hay un abismo. Sus métodos puede que sean eficaces aunque no me parecen demasiado pedagógicos, estoy de acuerdo. Siempre me han caido mal los chivatos. Pero esos insumisos que hablan de liberticidio y animan a trasgredir me dan más miedo que los acusicas. Todas las sociedades progresan a base de pactar normas y limitaciones. Hasta el anarquismo debe cumplir unos estrictos preceptos que aseguren el respeto por la libertad ajena. Por eso sus inflamadas palabras caerán como la lluvia. Y en unos pocos años, ya no quedará ni el fango.

Publicado en Público

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