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LA SOSPECHA EN LA PIEL

La orden emitida a los agentes de la comisaría de Vallecas, que establecía cupos de arrestos de inmigrantes puede, como dice Rubalcaba, que no haya salido de ningún responsable político de Interior y que se deba a un exceso de celo de algún cargo policial en la interpretación de las directrices que se le han marcado. Pero lo más perverso de este asunto, son los criterios que determinaban quién se convertía en un potencial delincuente. La retorcida conexión que se establecía entre extranjeros de tez morena y delincuencia. Porque, que yo sepa, el hecho de no tener papeles no es un delito sino una falta administrativa. Y si lo que se persigue realmente, como dice el ministro, son los actos criminales, vincular éstos con un grupo humano por el color de su piel es negarles los derechos básicos que corresponden a todos los individuos. Rubalcaba hace bien, aunque le ha costado reaccionar, en decir que éso no se hace más. Esta malévola asociación entre extranjeros pobres y morenos y el mundo del crímen, es el argumento que, de forma vergonzosamente descarada, utiliza el gobierno de Berlusconi para sembrar el odio racial por toda Italia. Con una crisis de las características de la que vivimos, El inmigrante de tez oscura se utiliza como chivo expiatorio para canalizar la rabia y la frustración de los respetables ciudadanos, blancos y furiosos. La clase obrera, ciega para reconocer en el inmigrante a su igual, lo percibe como a un enemigo que le va a quitar su empleo y, si te descuidas, hasta la cartera. Entre unos y otros, imprimimos a fuego la marca de la sospecha en las tostadas pieles de quiénes, si lo pensáramos un poco, navegan en el mismo barco que nosotros. Solo que a ellos, habría quién querría verlos de nuevo, encadenados en la bodega de la nave y tirando de remo.

Publicado en diario Público el 20 de febrero del 2009

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