Facebook Twitter Google +1     Admin

LOS NIÑOS DE UN DIOS MENOR

20171223182925-ahed-tamimi3.jpg
Es difícil estimar con precisión el número de niñas y niños asesinados en Palestina por las fuerzas de ocupación israelí. Hay datos de fuentes fidedignas que hablan de algo más de dos mil solo en los últimos quince años. No creo que Herodes fuera tan eficiente en su particular matanza de inocentes. Apenas era un aficionado si lo comparamos con la precisión quirúrgica de  los bombardeos y con el acoso cotidiano que ejerce el gobierno de Israel desde hace décadas contra el pueblo palestino cuyo resultado es una hemorragia constante de criaturas muertas. ¿Inocentes?. Según dicen los rabinos hay que exterminar el mal apenas brote. Y así es como ellos los ven. Como semillas del mal, futuros enemigos, potenciales terroristas a los que hay que segar de raíz sin compasión alguna.
Parece que Israel también anda flojo en esto de la memoria histórica. No recuerdan, o no quieren recordar, que los nazis aplicaron el mismo procedimiento para aniquilar a los judíos. Presentarlos deshumanizados, cosificados, para que la opinión pública no empatizase con el horror y la injusticia que les esperaba. Para que vieran en un niño judío una alimaña. Un ser peligroso y despreciable que debía ser gaseado antes de crecer.
Sorprendentemente, al pueblo que padeció el Holocausto no se le arruga el alma a la hora de utilizar el mismo patrón que usaron sus verdugos. Puede que asesinen niños sí. Pero esos cachorros palestinos deben ser hijos de un dios menor porque su sufrimiento no estremece a la comunidad internacional. Lejos de ello, ese sociópata llamado Trump ha resuelto añadir más gasolina al conflicto (nunca faltaron pirómanos sin fronteras en los EEUU) declarando a Jerusalén como capital de Israel. Ahora, más que nunca, las fuerzas de ocupación tienen licencia para matar. Y el presidente pirado ha advertido alto y claro en la ONU que le cortará el grifo a cualquier país que intente enmendarle la plana. Así son las cosas en este circo mundial. El dinero tapa los charcos de sangre inocente. El dinero es el único dios verdadero.
Ahed Tamimi es una cría palestina de dieciséis años. Cuando tenía once años se enfrentó con sus diminutas manos a un soldado israelí que estaba asfixiando en el suelo a otro niño palestino. El video se hizo viral. Recientemente, increpó y abofeteó a dos soldados que estaban hostigando a la gente de su aldea. Ahed y su madre fueron detenidas y, en estos momentos, no se tiene constancia de su paradero. No sería extraño que nunca aparecieran.
En estos días se celebra en Occidente el nacimiento de una criatura que ya nació marcada por la persecución y la muerte. Dicen que era el hijo de dios. Pero de uno de primera ¡eh!. No un tuercebotas como Buda, Yavé o Mahoma. Un dios como dios manda con sus apocalipsis y sus diluvios universales. Y aún así, quizás por haber nacido en Palestina y a pesar de ser judío, cuentan que el pobre Jesús lo tuvo crudo. Y que cuando pidió ayuda a su progenitor, éste se llamó a andana.
Ahed también nació marcada. Desde el principio le rodeó la muerte y la constante amenaza. Como una leona, valiente e inconsciente a partes iguales, se pone cara a cara con sus agresores. Su menuda y delicada mano se estampa en el rostro del soldado armado hasta los dientes. Cuentan que hasta el flower-power de Cristo se lió un buen día a latigazos. ¿Qué hubiera hecho de ser Ahed Tamimi? ¿Cómo reaccionar ante el chorreo infanticida que no cesa? ¿Cómo ante la pasividad internacional? Ante la complicidad.
Cuando brinden por la llegada del niño Jesús piensen un segundo en Ahed  y en todos los niños y niñas que mueren o crecen traumatizados a causa de nuestra indiferencia. Puede que a algunos les conmueva y a otros es importe un pimiento. A los segundos les diré que de lo que se siembra se recoge. Y una situación tan cruel e inhumana es un campo abonado para que germine el terrorismo. Un enemigo al que solo se puede combatir desde la justicia y el respeto por la vida. Justo lo contrario que se está potenciando.
¡Felices fiestas a todas y todos! No importa a qué dios (o sindiós) anden afiliados.¡ Ámense como si no hubiera un mañana! Y recuerden que no basta invocar al cielo para cambiar lo que nos ofende. Los dioses deben estar sordos o se lo hacen. Habrá que mojarse.

Comentarios » Ir a formulario



No hay comentarios

Añadir un comentario



No será mostrado.





Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris