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QUE TENEMOS QUE HABLAR DE TANTAS COSAS... COMPAÑERO DEL ALMA, COMPAÑERO.

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Recuerdo nítidamente tus gestos, esa mirada entre tierna y socarrona, las últimas conversaciones que mantuvimos a sabiendas de que ya no habría más. De que una hermosa parte de mi vida desaparecía para siempre. Conscientes de que la despedida estaba cerca, me tomabas de la mano, posabas tus labios sobre ella y antes de que las lágrimas afloraran a mis ojos, me soltabas alguna de las tuyas intentando arrancarme una sonrisa clandestina. Sobre todo cuando me decías: "Yo me apeo pero el panorama que os queda .... Coge aire pequeña. Nunca pierdas la capacidad de luchar por ese mundo nuevo que anhelan nuestros corazones". Y sonreía aunque el terror atenazara mi garganta. No por la deriva de este mundo pues, como dice el tango, ya se que fue y será una porquería atemporal. Sino porque ya no estás en él. Porque cada día me despierto queriéndote hablar de tantas cosas... compañero del alma, compañero.
Por ejemplo de Cassandra. Una muchacha que ha sido condenada a un año de prisión y siete de inhabilitación por un tuit sobre la ascensión a los cielos de Carrero Blanco. Los que ya tenemos cierta edad y vivimos los últimos coletazos de la dictadura recordamos que, precisamente, los chistes sobre Franco o Carrero eran una señal de que otra etapa diferente estaba por venir. Hasta mi padre, guardia civil adepto al régimen, no podía evitar repetir los chascarrillos que circulaban por los bares e incluso en los cuarteles. Se desternillaba con uno en especial: "Carrero Blanco coge un taxi y el taxista le pregunta: ¿A qué altura de la calle quiere que le deje?" Le hacía tanta gracia como cuando Gila contaba aquello de que a él "lo fusilaron mal". Humor negro en ambos casos con mejor o pero gusto. Pero humor al cabo. Un hálito de libertad ante la asfixia. Para superar la adversidad o ahuyentar el miedo. Humor para sobrevivir.
Lo cierto es que don Paco y sus mariachis se hacían los longuis. Eran tiempos de cambio y no procedía mandar al talego a nadie por una gracieta irrespetuosa. Durante la dictadura personajes como Luis Cebrián, en su libro "La agonía del Dragón", se despachaban a discreción sin que hubiera consecuencias penales. Cito textualmente un párrafo: " Fernández Miranda va a ver a Franco y no sabe cómo comunicarle el atentado. Hasta que al final se presenta sonriente y con dos mechones de pelo oscuro y espeso en las manos, ¿de quién son estas cejitas?, y luego agitando un enorme amasijo de carne, ¿de quién son estas ojeritas?"  ¡Ay Luis Cebrián! ¡¿Quién te ha visto y quién te ve?!
El caso es que cuarenta y pico años después, en una presunta democracia, puedes ir a la cárcel por tuitear gilipolleces, contar chistes malos o ser titiritero. Los corruptos no la pisan ni de puntillas. Y eso sí que es humor negro azabache. Un humor exclusivo de las élites que nos han estado robando década tras década y que prometen seguir haciéndolo hasta matarnos de risa. La suya claro. Ni tampoco hay consecuencias para las amenazas de muerte, nada de chistes en esta ocasión, que individuos como Jiménez Losantos dedicó a los miembros de Podemos. O para los trolls que tratan de intimidar prometiendo tiros o bombazos a quién no comulga con su ideología. ¿Es la ofensa selectiva depende a quién vaya destinada?
La cuestión es que Cassandra, cuyos padres en paro apenas cuentan con 500 euros al mes para comer, no solo tendrá antecedentes. Además perderá la beca que le permitía estudiar y su proyecto de vida como docente. Todo por haber colgado en la red ocurrencias como éstas: ·Kiissinger le regaló a Carrero un trozo de la luna, ETA le pagó el viaje a ella" o "¿Carrero Blanco regresó al futuro con su coche?".
Nunca pensé que diría esto pero va a ser verdad que, con Franco, al menos reíamos mejor. En la actualidad se juzgan por fin los crímenes del franquismo. Los de bromear sobre él por supuesto. De los otros.. mutis por el foro.
Como ya ves querido Antonio, en estos meses han pasado muchas cosas. Casi todas malas. Tú ya vaticinabas que se estaba produciendo un espectacular giro hacia el lado oscuro. Y eso que no llegaste a ver a Trump en la Casa Blanca. Pero tus palabras eran un bálsamo de esperanza, a pesar de todos y de todo. Anclarme en tu corazón me daba paz.
 Ahora, si he de serte sincera, me cuesta mucho esbozar una sonrisa. Cada mañana me despierto y leo las noticias. De pronto, algo me indigna o me sorprende y pienso en llamarte por teléfono como hacíamos casi cada día. Entonces caigo en que no hay línea allá donde te fuiste. Y tengo en la tentación de entregarme al llanto y maldecir, como decía Hernández, a esa muerte enamorada que te alejó de nuestro lado. ¡Me haces tanta falta!
Pero entonces pienso en todas esas risas compartidas hasta en los momentos más amargos. Puede que aún no esté lista para seguir luchando, como tú me pedías, pero no puedo perder el sentido del humor porque entonces, ¿Cómo podría seguir viviendo? 
Por eso quiero despedirme con un chiste de Tip y Coll de hace más de 30 años en el que ponían en boca del político asesinado: " De todos mis ascensos, este ha sido el más rápido" .
 ¡Va por ti querido amigo!. Reír es un acto de rebeldía contra la intolerancia. Así me lo enseñaste. Por eso mismo:
¡Je suis aussi Cassandra!

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