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CRÓNICAS CAVERNÍCOLAS

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Ignoro si a ustedes les sucede algo parecido pero, tras leer las noticias, hay días que una piensa que ha caído en un agujero negro que le lleva directa al paleolítico (con una parada para hacer pis en el medioevo). Al margen del ruido de sables mellados de la política nacional, nos topamos con otras pinceladas grotescas que dibujan una España rancia, asalvajada y de encefalograma plano. Por un lado, el obispo de Valencia hace un llamamiento a los católicos para no permanecer inertes ante el avance del imperio gay y el feminismo. Es curioso que lo diga un tipo con faldas que presuntamente practica el celibato y habla con un ser invisible. Por cierto, ¿los miles de sacerdotes que han abusado de niños seguían órdenes del imperio gay, de las desahogadas activistas de Femen o de ese ente sobrenatural que le dicta chorradas al oído a monseñor Cañizares?  El caso es que el buen hombre es muy aficionado a separar el grano de la paja. Ya lo insinuó cuando en otro de sus compasivos sermones aseguró que había que discernir porque entre los refugiados no todo era trigo limpio. Ahora pretende cribar a gays y feministas del concepto "familia". Como si la familia fuera un monopolio preconciliar donde no caben más granos (o pajas) que las que considera tradicionalmente el catolicismo. A monseñor le extrañaría saber que muchos gays y feministas tenemos familias que, lejos de ser disfuncionales, se rigen por valores como el amor, el respeto y la colaboración entre sus miembros. Aunque siguiendo los parámetros de Cañizares si, en la actualidad, se hubiera topado con Jesucristo lo hubiera identificado como el líder del movimiento gay. Hay que recordar que se juntó con doce tíos que acabó llevando al huerto y que le gusta rodearse de ángeles que exhiben más pluma que Paco Clavel.
Las religiones siguen a lo suyo. Braceando contra la corriente de la civilización y el signo de los tiempos. Católicos o musulmanes, poco importa, todos utilizan el argumento del odio porque el del amor no les sirve para sus auténticos propósitos. ¿Evangelizar? Sí, pero a cristazo limpio o detonando "mártires" en nombre de Alá para sembrar el miedo y el odio al diferente y lograr el control de la sociedad.
De las elucubraciones del señor obispo pasamos a otro asunto que también me abre las carnes. El lamentable espectáculo del Toro de la Vega ya no acabará con la muerte del animal. Sin embargo se seguirá celebrando para no herir la "sensibilidad" de los defensores de la matanza. Y yo me pregunto, ¿supone esto que le lancearán y acosarán hasta el límite de su agonía y que, cuando este a punto de palmar, un mozo le aplicará un desfribilador para devolverlo a la vida? ¡Enhorabuena!  Ya hemos avanzado algo. Concretamente del paleolítico al neolítico. En Tordesillas, con un alcalde socialista a su cabeza, no acaban de estar contentos con la prohibición de darle matarile a la res. La tortura, sin desenlace fatal, les sabe a poco. Como un coito interruptus que les pone cachondos pero no acaba de aliviarles. Dicen que al que no le guste, que no mire. ¿Imaginan si dijeran lo mismo los asesinos o los pederastas? Oígan, si no les gusta lo que hago, desvíen la mirada hacia otro lado. Lo que no se ve, no existe.
Sus partidarios, igual que el obispo de Valencia, solo piden preservar tradiciones centenarias como pegar a la mujer, quemar libros o perseguir maricones. Actividades que, como todo el mundo sabe, conforman la idiosincrasia de la raza pura carpetovetona.
Además, a los matachines de Tordesillas no les falta razón. Si no fuera por su cruenta y sanguinaria fiesta se extinguiría la especie. Pero no la de los toros, la de los cavernícolas.
Después de tragarme estos pepinos aderezados con otras singularidades patrias, solo me quedan ganas de volverme a la cama. De quedarme dormida unas décadas a ver si, para cuando despierte, el planeta ha petado o la evolución, por fin, nos ha distanciado un poco de los monos. Monos arrogantes, crueles y embusteros que avergonzarían a Copito de Nieve y a la mona Chita. La siesta puede ser larga. No olviden proveerse de pijamas y orinales.

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