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PURPLE RAIN


(Solo quise verte reír bajo la lluvia púrpura)

Quienes creemos que otro mundo es posible somos tachados de memos idealistas que no sabemos poner los pies sobre la tierra. La distopía se impone como una realidad irreductible. A fuerza de repetir una y otra vez ese discurso, muchos parecen haberse convencido de que nada vale para nada. De que cualquier esfuerzo para cambiar aquello que nos ofende, que nos degrada o manipula son meros brindis al sol que no pueden fructificar en algo viable. Sembrar esa desazonante impotencia forma parte de la estrategia. ¿Para qué implicarse si al final vas a estrellarte contra un muro de piedra? Sin embargo, los atrapasueños de pacotilla parten de una premisa falsa. Son precisamente aquellos con capacidad de remontar el vuelo sobre el barro los que han logrado auténticos avances para la especie humana. Los derechos humanos, esos que con tanta frecuencia se vulneran y desprecian, no nacieron por generación espontánea. Son hijos de mujeres y hombres que vieron más allá de la asfixiante sociedad que les tocó vivir. Que sintieron que las generaciones venideras merecían un futuro más libre y equitativo y que lucharon por ello aún siendo conscientes de que su vida no alcanzaría para verlo.
En la declaración universal de los derechos humanos se hace referencia a la familia humana sin discriminar por sexo, raza, ideología o condición. ¿Una utopía? Dicen que para conseguir un objetivo primero hemos de crearlo en nuestra mente. Hacerlo fuerte e impulsarlo para que pueda germinar. Si  creemos firmemente en que otro mundo es posible estaremos estableciendo los cimientos para su construcción. Si nos dejamos llevar por el desánimo seremos los responsables de su prematuro aborto.
Aplicado a nuestra actualidad política sucede lo mismo. Es verdad que existe un hastío generalizado porque el ansiado cambio que algunos pretendemos no acaba de fraguar. Es una apatía fomentada por los que no quieren que nada cambie y en la que resulta fácil caer repitiendo las mismas cantinelas acerca de que todos son iguales (los políticos) y que votar no tiene ningún sentido. También partimos de una premisa falsa: culpar a los agentes políticos de nuestra propia inercia. Si en verdad deseamos que nuestras hijas e hijos vivan en un país más libre, justo y con igualdad de oportunidades no podemos relegar toda la responsabilidad en la política oficialista. La ciudadanía tiene que estar vigilante y reivindicativa sin conceder patente de corso a quienes nos gobiernan, sean quienes sean.
Desde la perspectiva de la declaración de los derechos humanos sería ingenuo confiar nuestro futuro ciegamente a cualquier liderazgo político. La política debe ser el instrumento para ese cambio, nunca un fin en sí mismo.
El 26 de junio tendremos de nuevo la oportunidad de empezar a cimentar ese mundo nuevo que anhelamos. Tras el intento fallido de las últimas elecciones los que representan a los poderosos, al ibex35, a las multinacionales, a los empresarios sin escrúpulos, a los corruptos y en definitiva, a cuantos amenazan el progreso de la gran familia humana, han aprendido la lección. Una gran coalición para defender sus intereses que incluya a todas las derechas. También a un partido socialista que ha vendido el alma al capital y se alinea en las mismas trincheras que antes consideraba enemigas. ¿Y los demás? ¿En qué trinchera podemos cobijarnos?
Defender los principios fundamentales de los derechos humanos como son un trabajo digno, la vivienda, la libertad de expresión y de autodeterminación de los pueblos, la justicia social, una fiscalidad progresiva que asegure los servicios básicos más elementales, que los intereses de unos pocos no estén por encima del interés general del pueblo (recuerden quienes modificaron el art. 135 que nos convirtió en avalistas de los bancos), la soberanía nacional frente a las imposiciones de EEUU y Bruselas... es defender la Constitución española. La misma que engendraron personas como Fraga Iribarne y que ahora parecen utopías de lo que denominan la izquierda radical. Es cierto que es un documento mejorable y que debe ser adaptado a los nuevos tiempos. Pero aún así, su contenido está más próximo al discurso de la izquierda que a los que se autoproclaman garantes de la carta magna.
¡Tous ensemble! Todos juntos podemos transformar la negatividad imperante en una sociedad donde quepamos todos. En la que los liderazgos estén al servicio de la ciudadanía y no al contrario. Quedándonos en casa el 26J estaremos hipotecando las posibilidades de los jóvenes y de los niños. Destruyendo a nuestra propia familia humana.
La ley electoral que tanto beneficia a los grandes partidos puede ser ahora beneficiosa para la alianza de las fuerzas progresistas. No es verdad que nada vale para nada. El 26J podemos hacer posible lo imposible.
 
"Cariño, sé, sé, sé que los tiempos están cambiando
Es momento de que todos busquemos algo nuevo
y eso te incluye a ti
Tú dices que quieres un líder,
pero no parece que te puedas decidir.
Es mejor que te acerques,
y me dejes guiarte a la lluvia púrpura"  (Prince)
 

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