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QUEMAR LA MANTA

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A pesar de los escándalos de toda índole que se destapan en estos días, el ciudadano de a pie se queda con la inquietante sensación de que solo nos enteramos de la punta de un monumental iceberg. Aquí nada ni nadie es lo que parece. Un ex-presidente de la nación que defrauda a la Hacienda pública, involuntariamente, pese a sus antecedentes como inspector fiscal. Un respetable ex-ministro que cuenta cien versiones diferentes de cuentos panameños para justificar su distraída firma en documentos comprometedores que asegura no haber leído. ¡Hay que leer más! Sobre todo las cositas que firmamos, que luego pasa lo que pasa. Una ex-alcaldesa valenciana, ahora aforada senadora, que ignoraba que sus orondas posaderas se asentaban sobre un estercolero de blanqueo de dinero, cajas B,C.D, etc, adjudicaciones ilegales y otras innumerables corruptelas. Parece ser que el "caloret" nublaba sus inocentes ojos. Un ex.presidente catalán que, junto a su honorable saga, evadían el dinero de sus pifias a capazos para luego relatar que todo el pastizal provenía de la herencia del abuelito. Un sindicato (que al final acabó asemejándose al del crimen) que con sus "Manos limpias" extorsionaba a tirios y a troyanos con esa celebre frase de don Vito Corleone: Te voy a hacer una oferta que no podrás rechazar. Al más puro estilo de la mafia calabresa. Un partido socialista que tiene grima a la izquierda y se revuelca lascivamente con el Ibex 35. Una izquierda que antepone la guerra de siglas a cambiar el rumbo de un país a la deriva y nos recuerda a la asamblea judeo-palestina que tildaba de disidentes a la asamblea palestino-judaica. Unos dirigentes de la patronal que, tras incidir en que el proletariado vivía por encima de sus posibilidades, resultó que los que sí tenían posibilidades de robar, estafar y explotar al prójimo eran ellos mismos. En fin, un sin dios de enredos cuyo nudo gordiano no sería capaz de desentrañar ni el mismo Perry Manson.
¿Y cómo olvidar el misterioso caso de un  ex-vicepresidente, ex-ministro de Hacienda y ex-director del FMI que acaba saliendo pringado en todos los chanchullos pero no termina de entrar en el talego? Otro gallo cantara si hubiese cometido sus fechorías con un títere en la mano. Entonces hasta se le habría aplicado la ley anti-terrorista.
No, efectivamente en Españistán nada ni nadie es lo que parece. Pero oigan, ¿no les mosquea un poco que cuando caen las caretas de algunos de estos villanos de postín la justicia tiene serios problemas para poder condenarlos? ¿Y qué me dicen de los que ponen la mano en el fuego, achicharrándose vivos, por esta panda de trileros?
El problema es la manta. Una manta mugrienta, piojosa y extensísima que tapa las desvergüenzas de los que todavía no han salido retratados. La manta de la que Pujol amenaza con tirar y que haría tambalearse los cimientos de la democracia. La de Bárcenas y Fabra. La manta que amaga con levantar  la Barberá  para dejar con el culo al aire a sus compis-yoguis de partido. Si yo caigo, me los llevo por delante. Más que nada porque Rita ha averiguado que en los uniformes carcelarios no permiten ponerse unas hombreras.
La impresión es que todos saben de las mierdas de los otros. Y que hay muchas y muy gordas. Y las callan, de momento, para salvar sus miserables pellejos. Pero llegado a este punto, y entrados en la primavera, nos sobran todas las mantas. Este país tiene sarna por andar siempre tapando sus miserias. De no orear la gualdrapa para sacudir los ácaros que nos mienten, nos roban, nos estafan.
Propongo quemar la manta para sacar a la luz a estos manteros de luxe. Y, como dijo Montoro, si por ello se hunde España, ¡que se hunda! que ya la levantaremos. Pero con luz y taquígrafos y un detector de mentiras. Puede que suene dadaísta pero es que ya no nos cabe más basura debajo de ese pingajo. ¡A tomar viento la manta!

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