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PANTERAS DESEOSAS DE UN MUNDO SIEMPRE HAMBRIENTO

Caer en la exclusión social ha dejado de ser una posibilidad remota para muchos españoles. La famélica legión de parados, desahuciados y desfavorecidos por la fortuna aumenta exponencialmente pese a los pintureros augurios macroeconómicos. Incluso se puede ser pobre trabajando. La desesperación obliga a muchas personas a aceptar empleos precarios con remuneraciones ridículas con las que no pueden cubrir sus necesidades más básicas. Mi maquinaria neuronal conspiranoica confirma sus vaticinios. La crisis fue una excusa para desmantelar los derechos conquistados por la clase trabajadora europea. Principalmente en los países del sur. ¿Para qué trasladar la producción a países del tercer mundo si podemos tener nuestro propio tercer mundo en el patio de casa?
Esclavos nacionales, agradecidos por los flexibles grilletes con los que el capitalismo salvaje rodea sus tobillos. O eso piensa el presidente del Círculo de Empresarios, Javier Vega, que se refirió a los desempleados como: Esos pobrecillos que están en la calle. Para Vega, esos pobrecillos muertos de hambre, darían palmas con las orejas con tal de aceptar cualquier tipo de empleo. Su bondadoso corazón aboga por la extrema flexibilización del mercado laboral pensando en estas criaturas. En lo bien que encajan en el organigrama del Nuevo Orden mundial. Predispuestos, por la miseria, a aceptar las escasas migajas que los poderosos arrojan de sus mesas.
Y es que estos neoliberales son todo corazón. Igual que Esperanza Aguirre, otro prodigio de sensibilidad y empatía. Su método para acabar con la pobreza es tan expeditivo como canalla. ¿Qué hacer con los transeúntes que duermen en la calle? Se les echa fuera de la ciudad, lejos de las escrutadoras miradas del turisteo , donde no ofendan con su mugrienta presencia las delicadas retinas de la gente de pro. ¡Que sobrevivan montarazmente comiendo raíces!. No se cómo esta bondadosa dama no ha propuesto una caritativa Solución Final para este anti-estético problema.
Una eutanasia por compasión que liberara a estos pobrecillos de su lamentable situación.
En realidad, es mucho más práctico para ellos mantener una nutrida bolsa de miseria. Un país sembrado de santos inocentes. De gentes temerosas e ignorantes, al límite del hambre, más proclives y dóciles a aceptar condiciones laborales draconianas. La educación y la libertad de expresión también son sus enemigos. Los poderosos, los verdaderos amos del mundo, no quieren marisabidillos  entre los obreros ni que se filtren sus cochinadas y corruptelas. El ministro de Justicia ( ¡ay que me da la risa tonta!) enseña la patita de pantera proponiendo una ley de censura. Los huesos del chaparrito se remueven de gusto en el Valle de los Caídos. Luego dice que no.. . pero porque les falta arrojo. Que no por ganas.
"Ladrabais cuando el hambre llamaba a vuestras puertas"- dijo el poeta. Sí, están aullando las fieras. Defienden a zarpazos el sangriento botín que han arrebatado a los ciudadanos.
Ahora todo depende de nosotros. De si aceptamos ser esos santos inocentes que ojean la caza de los señoritos o preferimos asumir las riendas de nuestro destino. 
Al menos servidora, no tiene nada de santa y mucho menos de inocente. ¡Ay milana bonita!

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