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EN BUSCA DE VIDA INTELIGENTE

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Los seres humanos somos una especie de más 7.000 millones de ejemplares que petan el planeta Tierra esquilmando sin piedad los recursos imprescindibles para su propia supervivencia.
Si yo fuera extraterrestre (una criatura evolucionada con conocimientos sobre viajes intergalácticos) y me asomase a lo que denominamos civilización humana, pisaría el acelerador de mi platillo volante hasta alejarme definitivamente de este mundo. Recientemente, 250 personajes muy conocidos en España de la cultura, la ciencia, la política, el activismo o el arte, han firmado un manifiesto en el que alertan de que el modelo de crecimiento es un genocidio a cámara lenta. Pero su llamada de atención llueve sobre mojado. Ya en 1972, poco antes de la primera crisis del petróleo, el club de Roma publicó un informe, Los límites del crecimiento, en el que concluyó que si el actual crecimiento de la población mundial, la industrialización, la contaminación  la producción de alimentos y la explotación de los recursos naturales se mantenían sin variación, se alcanzarían los límites absolutos de crecimiento en la Tierra durante los próximos 100 años. El hecho es que ya estamos en el tiempo de descuento. Y además, la capacidad depredadora del homo sapiens se ha multiplicado exponencialmente desde los 70. Osea que ya debemos rondar los límites del crecimiento o del genocidio colectivo, llámenlo como prefieran. La cuestión es, ¿nos queda tiempo todavía?. Para ralentizar el proceso sería necesaria una revolución. Pero no tanto política como íntima. Es nuestra naturaleza la que falla. O la ruptura con ella, mejor dicho. Ese instinto reptilinio de avaricia egoísta que construye sistemas y sostiene gobiernos contra-natura y que pone en cuestión la presunta inteligencia humana. Reprogramarnos en la misma sintonía que la madre Tierra, después de tantos siglos de cagarla, no es tarea fácil. Lo más probable será que necesitemos un fuerte correctivo por parte del planeta. Una colleja, bien dada, que devuelva al mono parlante al paleolítico, a volver a probar suerte. A ver si en una nueva civilización con posos apocalípticos, los que sobrevivan, aprenden que no es inteligente arrasar el medio que sustenta su existencia. Vuelvo a lo del extraterrestre. A grandes rasgos, vería la raza humana como un virus, una célula rebelde que asesina el cuerpo que le hospeda. ¿Contactarían ustedes con un virus? Pues lo mismo les debe pasar a los extraterrestres. No necesitarían mas que un par de avistamientos para convencerse de que no existe vida inteligente en el Planeta Tierra. Saldrían najando de esta galaxia a velocidades supersónicas.

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