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EL RAYO ENTRE LAS RUINAS

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Demoler un edificio resulta casi tan sencillo como echar por tierra las ilusiones, los derechos y el futuro de los pueblos. Destruir no requiere mayor conocimiento. Solo se trata de tener una buena pala excavadora. O una casta política que acate bovinamente las instrucciones de acoso y derribo que está dictando la Troika. Can Vies no es solo un edificio okupa. Todos los talleres y las actividades culturales y sociales que allí se realizan son autogestionadas por la gente. No le cuestan un euro a las instituciones. Desde hace 17 años Can Vies tiende su red, su alternativa solidaria, a personas que son arrojadas del sistema a golpes de maza. Pero por razones especulativas, turísticas o ideológicas (en cualquier caso dudosas) Can Vies recibió su sentencia de muerte. Había que reducirlo a cenizas.
 Ya lo he dicho antes, destruir es fácil. Cualquier idiota con medios puede hacerlo. Así que que se pusieron manos a la ruina ignorando, o tal vez no, el rechazo popular que se iban a encontrar. Tras magnificar los actos de violencia de unos pocos y minimizar la oposición responsable y tenaz de la mayoría, sorpresivamente, el Ayuntamiento decide paralizar la piqueta y tiende una mano a los colectivos para su reconstrucción. Can Vies ha hablado: Lo levantaremos con nuestras propias manos.
Para quien no entienda la respuesta de los colectivos trataré de ilustrarlo con un simple ejemplo. Imaginen que un enajenado les ataca sin motivo alguno con una sierra mecánica y les secciona un brazo. ¿Confiarían en el mismo individuo para reimplantárselo por mucho que se lo ofreciera? Pues eso mismo les pasa a los de Can Vies, que no se fían del loco carnicero. Aunque jure y perjure que tiene cátedra como neurocirujano, vaya.
Extrapolando este asunto a lo que está pasando en el panorama político sucede lo mismo. Una creciente masa ciudadana desconfiamos de los esquemas de los partidos tradicionales que nos han originado tanta ruina. No queremos que sigan gestionando los escombros. Preferimos levantarlos con nuestras propias manos. Directamente desde abajo. Utilizando unos cimientos sólidos que aseguren que ningún otro idiota con superpoderes nos vuelva a tirar la casa abajo. Y definitivamente,  habrá que cambiar la arquitectura para lograr que haya techo y esperanza para todos. Solo nosotros podemos ser el rayo entre las ruinas. Pero debemos hacerlo con nuestras propias manos.

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