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LAS "FUGAS" DE AGUIRRE

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La sexagenaria Aguirre tiene graves trastornos de incontinencia. El problema es que sus "fugas" no se solucionan con un pañal. En cuanto le ponen un micro, una micción de palabras no procesadas brota irrefrenable por su boca. Hable de lo que hable, un chirimiri cutre, rancio y chulesco empapa sus chiripitaflaúticas declaraciones. Como en el pregón taurino de Sevilla, donde Esperancita dio rienda suelta a uno de sus escatológicos razonamientos a favor de la "fiesta" de los toros. Según la lideresa anti-sistema, los antitaurinos lo somos por ser anti-españoles. Siguiendo su hilo argumental, la tortura y muerte del toro en la plaza representan la idiosincrasia nacional. Junto al cristianismo y el amor a la patria, los tres requisitos imprescindibles que aseguran el pedigrée de un español de pro. Lo dice en Sevilla, olvidando otros "escapes" verbales anteriores en los que ridiculizó lo que considera la cultura del subsidio andaluz dirigiéndose a los jornaleros a la voz de "pitas", "pitas". No puede ocultar su desprecio hacia los andaluces, se le escapa a la pobre. 
¿ O es que Andalucía no forma parte de su patria? O mejor dicho, de su cortijo.  
Como tampoco parece muy cristiano ni patriótico calificar de mamandurrias a las prestaciones sociales o presumir de haber sido la primera en destapar la trama Gürtel. Esto último además, debería ser pecado de los gordos. Pero vuelvo a los toros. Soy española porque, ya lo dijo Cánovas, no puedo ser otra cosa. Aunque si mi identidad nacional depende de un espectáculo que potencia el sadismo contra los animales, me pido ser marciana. En esta nueva-vieja España de peinetas, cilicios  y toreros, es natural sentirse extraterrestre si todavía se te conectan dos neuronas. Mezclar en un cóctel patriotismo, tortura y religión siempre ha tenido resultados explosivos. Pero la Aguirre es un intrépida matadora. Trata a los españoles como al toro. Primero nos burla con su cháchara para atontarnos y facilitar la inserción del estoque. Y si esto falla, siempre puede atropellarnos con su coche y darse a la fuga. Que en eso, también es muy diestra la señora marquesa. Extremadamente diestra.

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