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¡LUCES, CÁMARA, ACCIÓN! ... SOMOS CIENCIA FICCIÓN

Somos una nación increíble. En serio. En estos momentos, a España no hay quien se la crea. El plan para sacarnos de la "crisis", más que un proyecto político, parece un proyectil destinado a levantar la tapa de los sesos del futuro de este pueblo. Privatizaciones y recortes sociales a todo ritmo amparándose en aquello de que "quién bien te quiere, te hará llorar".
A llorar ríos de sangre si así lo exige la Troika. Porque este gobierno tan servil con los verdaderos amos consigue amansar un poco a la prima de riesgo. Total, lo que mide este instrumento son las posibilidades de que un estado se niegue a aplicar las medidas inhumanas, injustas y seguramente delictivas contra su ciudadanía que exigen desde Bruselas. Y con el gobierno de España no hay riesgo que valga en ese aspecto. No les tiembla la mano a la hora del degüelle colectivo.  Eso sí, siempre y cuando puedan sacar provecho a la carnicería.  Y si alguien está demostrando saber aprovechar (diría más: exprimir, explotar, expoliar...) la mayoría absoluta en beneficio propio, son estos cachondos del PP.
Mientras escribo estas lineas, el presidente Rajoy debe estar dando alguna explicación kafkiana sobre el engorroso asunto del amigo Barcenas. Confieso que no pienso perder el tiempo en escucharlo. Me toca lavarme la cabeza. Para ficción, me quedo con Asimov. Al menos escribía personalmente sus historias y seguro que hasta era capaz de entender su propia letra. Mariano Polichinela-Rajoy no puede contarnos la verdad. ¿En qué cerebro cabe que va a confesar ser parte y arte de una trama corrupta que se extiende entre los principales gerifaltes del partido? Aún les quedan dos años como poco para seguir trajinándose a la escuálida gallina de lo público. No son tan tontos, ni siquiera Mariano, para incriminarse y provocar su salida del gobierno. La cosa está clara, si era dinero B, no habrá recibos que lo justifiquen. Sin cadáver, no hay delito, piensan los muy pillos. Lo que pasa es que este "muerto", aunque no apareciera el cuerpo del delito, huele mucho a podrido. Tanto que, por muchos cuentos chinos que nos cuente el presidente, nosotros solo podemos ver un montón de mierda. Una montaña de estiércol pestilente cuyo aroma trasciende las pintorescas ficciones de Mariano sobre lo cerca que estamos de la recuperación económica. ¿Ciencia ficción o jeta de cemento?

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