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LA RESPUESTA NO ESTÁ EN EL VIENTO

LA RESPUESTA NO ESTÁ EN EL VIENTO
La mañana se despierta en pie de guerra. Una prepotente ventolera se adueña de la ciudad disparando gélidas ráfagas de aire amotinado contra todo lo que se le pone por delante. Mi tierra es el patio de recreo de un poderoso viento que por aquí conocemos como cierzo. Los aragoneses estamos hechos a esa furia curtidora de rostros y voluntades. Pero hoy la chulería eólica supera lo habitual. Este 23 de febrero la meteorología ha decidido manifestarse en forma de airados latigazos para unirse a la galerna que reune a todas las mareas. Hay otro 23 de febrero enquistado en la memoria de mi adolescencia. Un recuerdo atrapado en un torbellino de miedos y vergüenzas racheados. Un golpe del viento de la ira que intentaba hacer volar la democracia por los aires. Amainó y nos creíamos a salvo de remolinos de golpistas. Pero mientras vigilábamos que ningún salvapatrias (con o sin tricornio) volviera a amenazar la soberanía popular, un silencioso golpe se había adueñado del estado. Un pucherazo financiero que ha barrido huracanadamente nuestras libertades y derechos.
No nos llovieron del cielo. Fueron los logros de la lucha de muchos hombres y mujeres que se dejaron la piel en el pellejo para que nosotros no viviéramos con la cabeza debajo de una bota. Hoy, 23 de febrero del 2013, sus indignados fantasmas se han aliado con la rosa de los vientos para empujar nuestros aborregados culos de sus cómodos asientos. La democracia está en grave peligro. No sirve de nada delegar en la providencia política o divina para cambiar el miserable destino que preparan. Para bien o para mal, somos responsables últimos de ese destino. Podemos hacer del futuro de estas tierras un reguero de cobardía que agonice en un sucio desagüe. O podemos sumergirnos en el tsunami de mareas y arrasar con la corrupción, la injusticia y las cadenas.
Un frente de aguas vivas impulsadas por un pueblo valiente y orgulloso que no teme aliarse con el cierzo. Ha llegado la hora de mojarse. De saber en verdad de qué pasta estamos hechos. Créanlo: la respuesta está en nosotros, no en el viento.

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