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SOBRE LUCES, TÚNELES Y AGUJEROS NEGROS

SOBRE LUCES, TÚNELES Y AGUJEROS NEGROS
Con toda la polvareda que ha levantado el asuntillo de los sobres era de esperar que el gobierno intentara sacarse un conejo del sombrero para desviar la atención del respetable. El honor ha recaido en el ministro Guindos. Su destreza no deja lugar a dudas. Consiguió la cartera de economía pese a sus antecedentes laborales en Lehman Brothers. ¿Recuerdan? El primer banco que quebró por el escandalo de las hipotecas subprime y que arrastró consigo la caida de todo el sistema financiero. Pues como mago lo mismo. Un chapucero. En vez de un simpático herbívoro, el señor Guindos se ha sacado una esotérica alegoría de la manga. Dice que ve la luz al final del túnel. Y se refiere a nuestra situación económica. No vayan a creer que el buen hombre ha tenido una experiencia extracorpórea, al menos que se sepa.
Sería conveniente preguntar al ministro si el candil que vislumbra ahora es el mismo que le iluminaba en Lehman Brothers. Porque entonces, apaga y vámonos. Lo de ir hacia la luz da como yuyu. Y más cuando el túnel aparece como un agujero negro que devora lo mejor de nuestra sociedad, nuestros tesoros. La sanidad, la educación, los derechos laborales, los servicios sociales... todo engullido por una oscura vorágine que han ideado unos tipos con muchas luces... para afanar. Yo tengo otra versión de la parábola de túneles y luces del ministro. Ese foco con el que pretende hipnotizarnos para que avancemos confiados por un pozo de miseria, en realidad son los faros de un trailer de elevado tonelaje que auguran una catástrofe anunciada. O puede que sea el fulgor que emiten los lujosos haigas de los corruptos huyendo con el botín a todo trapo.
Podrán llamarme descreida, pero me tranquilizaría más ver que se creaba empleo en vez de destruirlo o que se invertían recursos en investigación y desarrollo para lograr ser más autónomos energéticamente en el futuro. Proyectos tangibles, maravillosamente prosaicos, que dieran empleo y esperanzas a la gente. No luminarias difusas como fuegos fatuos ni vírgenes que alumbran lumbreras ministeriales. Señores del gobierno: Dejen la luz y los taquígrafos para sus trapos sucios. Lo que la mayoría de los españoles queremos ( trabajo, justicia, derechos sociales y laborales, libertad y una democracia honesta y participativa) ya debería estar bastante claro. ¡Aclárense ustedes!, si pueden.

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