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TIPOS MALOS RAROS

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Una sospecha rebota en mi cabeza estos días. Ha ido creciendo exponencialmente, como un tumor inoperable. Los últimos acontecimiento (o los antepenúltimos, que aquí el que no corre vuela y cada día sale más metralla), contribuyen a apuntalar estos barruntos. No pueden ser reales. Me refiero a individuos como Bárcenas, Güemes o Ignacio González. Algo chirría escandalosamente en esta gente. Desprenden un tufillo a corrupción que no sofoca ni el aroma de sus colonias megapijas. Pero lo pero es cuando hablan. Cuando les pillan con las manos en la masa. Entonces se ven obligados a soltar una verborrea ininteligible para justificar sus "chiquilladas". No se molesten. Hay cosas cuya explicación es obvia. Una cuenta millonaria en suiza, sin declarar a nuestro fisco, es justo lo que parece: un robo. Luego habrá que dilucidar si el ladrón es el tesorero, el partido o si iban a cachas en el business. Y otros detallitos, como de dónde salió tanta pasta para poder afanar.
Tan diáfana y clara como la maniobra de privatizar y adjudicar la gestión de los laboratorios a una empresa siendo consejero de sanidad y, pocos años después, pasar a ser consejero de esta empresa. Eso, también es lo que parece. Aunque Güemes y su coro de sombras se desgañiten apelando a su libertad para trabajar en la privada. Lo que ustedes defienden señores, no es eso. En realidad está más cerca del derecho de pernada que tan diestramente ejerce la derechona patria con todos los bienes públicos. Se los benefician (o los privatizan) para provecho propio. También esto es robar, con otro aire. ¡Pero es que hay tantos palos diferentes de este arte!
¿Y lo de Ignacio González y el ático fantasma? Un clásico de novela negra maridado con abundantes dósis de Torrente, paraísos fiscales y pelotazos urbanísticos. Todos éstos (y otros muchos que no cito porque harían infinito a la par que más infumable este artículo) son tipos cutres, malvados y bastante raros. Son los exponentes de un partido que se declara patriota y católico. Pero no parece muy patriótico defraudar a Hacienda, intercambiar sobornos por prebendas o desmantelar el estado de bienestar para engordar su cartera. Ni muy cristiano robar a los pobres, a los niños, a los enfermos y a los discapacitados para ser más ricos. Por eso vuelvo a mi teoría conspiranoica. No pueden ser reales, algo huele a chamusquina en esta peña. Y solo se me ocurre que pudieran ser agentes bolcheviques infiltrados que, deliberadamente, se comportan como filibusteros con el fin de encender el chisquero revolucionario. Un estilo a la invasión de los cuerpos, ¿me explico?.
Aunque también puede ser que servidora flipe mucho y únicamente sean aquello que parecen: Unos canallas sin escrúpulos. Va a ser eso.

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