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BAJO EL FANTASMA DEL SABLE

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Puede que los demócratas de piel, entendamos que el ejército (si tiene que existir) debería estar al servicio de su país. Es decir, de su pueblo. Pero en nuestra historia hay demasiados ejemplos en los que los militares tomaron partido por unos compatriotas para masacrar a otros. El ejército español posee un currículo terrible que la democracia y la profesionalización de las tropas han logrado remontar para ofrecer una imagen más normalizada. No es fácil cuando se arrastran los antecedentes de una dictadura militar que aplastó con bota de acero los derechos de varias generaciones de españoles. Tampoco ha contribuido a librarles del mal karma la conjura del 23-F ni la tácita amenaza que flotaba en el aire durante la transición aconsejando que no se cabreara demasiado a los militares. Mejor dicho, a lo que se conocía como la extrema derecha, que durante largos años encontró en el ejército su mejor aliado liberticida. Nuestra democracia creció acobardada por el fantasma del sable. Quizás por eso tenga unos fundamentos tan raquiticos. Pero con el tiempo el país fué olvidando el miedo a los espectros castrenses y las estructuras militares cambiaron a la par que la sociedad. Por eso me parecen muy inoportunas las palabras del ministro de defensa asegurando que el ejército está tranquilo y no piensa responder a absurdas provocaciones. El mismo ministro, a mi simplón entender, es inoportuno per se. ¿O no les parece incongruente que el ministro de defensa haya sido un capo de la industria armamentística?. Como poco choca, digo yo. Pero es evidente que ciertas incompatibilidades no se tienen en cuenta en este gobierno. Eso hace posible que Morenés ejerza de ministro de defensa aunque se haya lucrado del negocio de la sangre y de la guerra. Igual de impropio que hablar de provocaciones respecto al ejército. ¿Es que el ejército es independiente del mandato institucional? ¿Acaso quiere decir que si se les provoca o se les cabrea con veleidades nacionalistas podrían inquietarse y actuar?
Flaco favor le hace el ministro a un estamento al que tanto le ha costado rehabilitarse del funesto pasado. Resucitando el fantasma del sable ha conseguido cabrear a tirios y a troyanos. A los militares profesionales que entienden un ejército moderno, libre de peligrosos salvapatrias.
Y a los demócratas, que estamos hasta las ingles de la permanente coacción a la que es sometida la soberanía de nuestros pueblos. Ya no reconocemos más fantasmas que los que están ocupando los ministerios. Pero incluso a éstos ectoplasmas, les podemos hacer un exorcismo.

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