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SUBE LA MAREA

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La ministra Mato vino a Zaragoza en Nochebuena a traer regalos a los pequeños ingresados en el Hospital Materno-Infantil. Como la Marea Blanca madrileña anda convertida en un océano rebelde y turbulento decidió probar suerte aquí, en la noble tierra aragonesa, donde nunca andamos sobrados en cuestiones de agua.
Así que la ministra y la presidenta Rudi forzaron su naturaleza primigénia para enfundarse el disfraz de mamá nöel y que la prensa captara su empática generosidad con las criaturas enfermas. Un acto publicitario, encaminado a demostrar que las damas neocón también tienen su corazoncito, que quedo enturbiado por el airado recibimiento que los trabajadores de la sanidad les habían preparado. Simultáneamente en otro hospital zaragozano, el Lozano Blesa, un grupo de personas comenzaba un encierro durante toda la Navidad a causa de la centralización y privatización de la gestión de los laboratorios. Seguro que Luisa Fernanda le había dicho a su colega que Zaragoza era un buen sitio para escenificar su teatrillo navideño. Que somos un pueblo sufrido y abnegado acostumbrado a tragar carros y carretas al que le cuesta mucho decidirse a sacar los pies del tiesto. La cuestión es que la Rudi no contaba con que un nutrido número de irreductibles maños estamos decididos a mandar el tiesto a hacer puñetas. Tenía parte de razón la presidenta. Los aragoneses somos gente pacífica, curtida por el cierzo y el olvido institucional.
Pero hasta la mansedumbre de un cordero puede tornarse en respuesta de garras y comillos si se abusa del escarnio. Regalar juguetes a los niños delante de las cámaras, a la par que se minimizan sus esperanzas de vida a causa de los recortes sanitarios, es una iniquidad propia de Cruella de Vil. Otro infame agravio que sumar a la interminable lista que padece la ciudadanía de parte de este gobierno. Nos están cubriendo tanto de basura que han conseguido que se estén obrando maravillas. Como el milagro de que, en esta tierra de secano y conformismo, esté naciendo un mar con vocación de tsunami. La marea Blanca está subiendo. La Sanidad nos toca a todos muy de cerca. Hay cosas tan sagradas, como la salud de los hijos, que están por encima de su mayoría absoluta. Al traspasar estás líneas, la legitimidad que les infieren las urnas ha saltado por los aires. No se puede gobernar al pueblo contra al pueblo. Al menos, en lo que se define como una democracia. Las Mareas de todos los colores son las enseñas con las que nos identificamos los rebeldes. Olas que se nutren de ríos humanos que no aceptan el expolio. Que crecen y empiezan a organizarse en un frente de aguas bravas. Señores y señoras del gobierno: Vayan preparando sus zodiacs y sus salvavidas. Hasta en Los Monegros, está subiendo peligrosamente la Marea.

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