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DOLOR DE ESPAÑA

DOLOR DE ESPAÑA
Entonces se trata de eso. De lo que ha dicho el ministro de justicia sobre que gobernar, a veces, es repartir dolor. Partiendo de este axioma envenenado, Gallardón justifica la ensalada de hostias que la ciudadanía recibe cada día. Esta filosofía del sufrimiento (sobre todo si es ajeno) encaja de maravilla con la formación ultracatólica de los actuales ministros. Nos torturan por nuestro bien. Convierten nuestra existencia en un infierno, es verdad, pero lo hacen con un objetivo redentor que va más allá de nuestras miserables vidas terrenales. Todos sus tormentos tienen la única misión de purificar nuestra carne mortal para hacernos merecedores del reino de los cielos. Un plan regio y de elevadas miras que, sin embargo, tiene muchas fisuras. La primera y principal es que los demócratas de raza no nos creemos aquello de que "quien bien te gobierna, te hará llorar". No somos amigos de cilicios que estrangulen la libertad y la supervivencia de los pueblos, mire usted por donde. Somos más de pensar que los que elegimos en las urnas tienen el sagrado deber de proteger a los ciudadanos y garantizar su bienestar y sus derechos. Y por lo que parece, los españoles somos más demócratas y agnósticos de lo que presumían los supernumerarios del gobierno. De nada ha servido tanta tradición de represión judeocristiana, estamos dejando claro que no nos va su rollo sadomasoquista. El gobierno de Rajoy se está quedando solo frente a una mayoría social que se levanta, que no soporta el exceso de dolor e injusticia que le están administrando. Ya no podemos permanecer impasibles viendo como se derrumban los derechos laborales y sociales que se construyeron sobre la base de otro sufrimiento: El de todos los hombres y mujeres que lucharon y se comprometieron por una sociedad más justa e igualitaria. Por una España de la que se erradicara para siempre el dolor que repartían explotadores, sicarios e integristas por nuestro "presunto" bien. Una España que vuelve ahora en carne ministerial para persuadirnos de que el actual calvario es necesario, de que es nuestro único camino, nuestro deber y salvación. ¿Pues saben que les digo?: Solo se me ocurre una manera de combatir ese agudo dolor de España que nos atormenta: Sacar del gobierno a estos aventajados aprendices de Torquemada. Que se metan su reparto de suplicios por donde les quepa. Si lo prefieren, pueden hacerlo en forma de supositorio.¡Todos juntos en la calle, hasta que haga efecto el analgésico!. Que se repartan ellos sus miserias.

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