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EL ATAQUE DE LOS TUPPERS VENGADORES

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La chavalería vuelve a las aulas públicas con un recorte brutal en profesores y medios y con el incremento del IVA en el material escolar. Muchos de estos niños, cada día más, pertenecen a familias golpeadas duramente por la crisis. Apenas pueden sobrevivir al pertinaz desempleo o tienen que reajustar su economía al milímetro para poder comprar los libros y el equipamiento escolar de sus pequeños. El 17,1% de los menores españoles ya viven por debajo del umbral de la pobreza. Hablamos de que muchas criaturas pasan con menos de una comida al día. Hablamos de hambre, de carencias elementales en nutrición o educación que siempre achacamos a sociedades menos desarrolladas que la nuestra. Cada españolito viene al mundo con una deuda per capita de 16.000 euros. En vez de un pan bajo el brazo, nuestros hijos traen un pagaré cuyo beneficiario es algún banco extranjero de nombre impronunciable. Leonor, la nieta de ese señor tan campechano matarife de leones, no correrá la misma suerte que la mayoría de sus súbditos. Ella es la única princesa europea que tendrá una educación privada que nos cuesta más de diez mil euros al año. Seguro que Leonor no acudirá a la escuela con tuppers en la mochila. Ni tendrá que hacer cola para calentar, previo pago, las modestas viandas que le haya preparado su mami. No todos somos iguales, nos lo dejan claro siempre que pueden. Y si has caído víctima de esa pobreza que avanza entre la gente, menos aún. En un país civilizado cuidarían exquisitamente la formación y la salud de todos los menores. Un país civilizado comprendería que no puede darse el lujo de despreciar su cantera de futuros talentos. No permitiría nunca que varias generaciones fueran sacrificadas para pagar el tributo al becerro de oro mercantil. Pero ésto es España. Aquí , la injusticia social crece paralelamente proporcional a la desfachatez de nuestros dirigentes. Nos insultan con medidas crueles contra los más débiles. Pulverizan el porvenir y la educación de nuestros hijos. ¿Cuánto calculan que podemos aguantar? He oído que algunos tuppers tienen propiedades paranormales. Que vuelan impulsados por la desgarrada impotencia que supuran los padres agobiados por el cerco a sus familias. Creo que los de Tupperware piensan hacer su agosto y han sacado una colección para los críos. No se si están abiertos a las sugerencias creativas. Por si fuera el caso, les propongo que escuchen las ideas que abarrotan los foros. Además de la variedad arrojadiza, algunos empiezan a reclamar tappers rellenos de hormigón o con mira telescópica. ¡Cómo son estos chiquillos! Este negocio sí que promete tener mucho mercado. Bussines is bussines. Y ya saben, como dicen los jefes, el mercado es el que manda.

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