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¡QUÉ BONITA ES LA PESETA!

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No creo que ningún médico recomendara una terapia de hachazos para curar a un enfermo. Eso sería un crímen que convertiría al presunto sanador en un asesino cruel y despiadado. Sin embargo, cuando el paciente es el estado y los galenos la casta política que nos infesta, todavía persisten los alegatos de los empecinados defensores del desmembramiento colectivo. Es algo que no alcanzo a entender. No hace falta saber de medicina ni ser economista para deducir que, tras una agresión de este calibre, al cadáver del estado no lo resucita ni Cristo. Pero ahí están ellos, conversos y adoradores del Nuevo Orden financiero, justificando la masacre contra el pueblo con la promesa de un crecimiento que saben que no se puede dar por esa senda de espinas. Mucho menos sometiéndo a la ciudadanía a un régimen de anoxia financiera que precipitará nuestra caída en el vacío. Lo saben. Igual que saben que no podemos pagar la infausta deuda aunque todos los españoles trabajaramos gratis durante la próxima década. Entonces ¿para qué tanto sufrimiento, tanta crueldad injusta e injustificada? No nos equivoquemos. El PP actúa como cabría esperar de los buenos ultraliberales. Defienden a sangre y fuego la doctrina del euro. Eso sí, aportando un aire racial de sadismo facha a sus medidas. Pero el PSOE también dió un giro a su política para cumplir los mandados de Bruselas traicionando a gran parte de su electorado y a su propio origen obrero. Y no olvidemos que para ello contó con el respaldo de CCOO y UGT. ¿Qué conclusión podemos extraer de todo ésto? Que la maquinaria bipartidista no contempla más opciones que el sacrificio social al dios euro y el resto del personal anda bastante descolocado.
¿Significa que estamos perdidos? Depende de que la izquierda ( incluyendo a los socialdemócratas críticos y a los sindicatos) reflexione y comprenda que para evitar el óbito debemos salir del euro. Que empujemos juntos para convencer a la sociedad de que romper con la moneda única no es el fin del mundo como auguran los voceros del sistema. Volver a la peseta es una decisión valiente y arriesgada que acarreará muchas dificultades. Vamos a sufrir seguro. Pero además de ser inevitable servirá para romper con la vorágine destructiva que nos consume. Y sobre todo para recuperar la soberanía y la política económica que ahora están en manos ajenas. Volver a ser los dueños de nuestro destino, sea cuál sea. Antes que abonar la minuta de las orgías que se han corrido los tiburones financieros está la vida de la gente. Las deudas, cuando no se puede, no se pagan. Y ésta en particular no la vamos a pagar. No nos corresponde. No podemos. No queremos. Ni en euros, ni en pesetas. A ver si nos vamos enterando ya.

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