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EL EXPERIMENTO DE DUROV


Pavel Durov, fundador de la red social VKontakte , es un joven ruso de 27 años poseedor de una fortuna calculada en doscientos millones de euros. Durante una reunión de trabajo con su equipo, hastiado por la tediosa facilidad con la que gana dinero a espuertas, el millonario discurrió un jueguecito para aliviar el aburrimiento. La idea de Durov para pasar el rato tiene mucho que ver con el inocente arte de la papiroflexia pero con un toque perverso que estimula su retorcido sentido del humor. Este hijo putativo (en cuanto a su crueldad) de Putin elaboró aeroplanos con billetes de 5.000 rublos para lanzárselos al populacho desde su inexpugnable atalaya. ¡Hay que ver el alborozo con el que gozó del humillante espectáculo la criatura! Los transeuntes que circulaban por esta calle de San Petesburgo luchaban y se agredían entre ellos para apoderarse del maná pecuniario que espolvoreaba el magnate. Mientras tanto, Durov y sus colegas se partían la caja contemplando esa jauría humana que peleaba por atrapar los degradantes avioncitos. Un testigo relató que la gente se comportó como si fueran perros, se rompieron la nariz unos a otros y algunos escalaron por los semáforos como monos para que no les quitaran sus billetes. Durov explicó que interrumpió este festival de carcajadas porque las personas empezaron a comportare como animales pero aseguró en Twitter que volverá a repetirlo sin el más mínimo asomo de arrepentimiento. Esta noticia deslavazada puede parecer una excentricidad pero forma parte de la cultura deontológica de muchos adinerados que tratan a los humildes con menos respeto que el que Paulov usaba con sus canes. Nos ven así, como perros rabiosos a los que pueden azuzar lanzando unas migajas de su miseria moral. Se ve que no saben mucho sobre perros. Olvidan que, en algún remoto lugar de su ADN permanece latente el lobo ancestral del que proceden. Si se despierta su instinto, los perros de Durov podrían organizarse en manadas de cazadores sanguinarios que cercaran a sus piezas para devorarlas. Y qué mejor que hincar las fauces en las sonrosadas y tiernas carnes de los ricos. ¡Están tan bien alimentados! Como ya dijo Plauto Homo homini lupus. Servidora, desde la indigencia intelectual, se atreve a modificar a un clásico para matizar: Algunos hombres se comportan como cerdos con el resto. Marranos que exhiben sus apetitosos jamones para provocar a la jauría. Yo de ellos, procuraría no mofarme públicamente de la hambruna de las fieras. Nunca se sabe cuál puede ser la reacción de un animal desesperado.

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