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DÍAS DE FURIA

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En medio del estruendo que provoca el derrumbe del sistema no podemos escuchar como la sangre sigue bombeando nuestro corazón. No estamos muertos. Es fácil olvidarlo cuando nos sentimos el oscuro objeto de la furia desatada de los mercados. Muñecos rotos de rotos sueños. Derechos pulverizados. Democracia quebrada. Exanguinada para satisfacer las hambrunas insaciables de los vampiros financieros. Los ciudadanos europeos sentimos una sensación de asfixia ante la furia austeritaria que padecemos. Nos falta el aire. Y no encontramos una brisa que nos de un respiro, ni a diestra ni a siniestra. Los gobiernos europeos van doblando la cerviz uno tras otro y obedeciendo las directrices recibidas sobre el desmantelamiento del Estado de Bienestar. Si no hacen bien los deberes, las manadas de lobos mercantiles caeran sobre ellos para destrozarles y sustituirles por tecnócratas amaestrados para este fin. El propio Mario Draghi lo ha advertido: El modelo social europeo está muerto y quien dé marcha atrás en los recortes presupuestarios provocará una sanción inmediata de los mercados. Y los sucesos demuestran que no son amenazas vanas.
Todo parece avocarnos al Pacto Fiscal europeo que supone algo así como el remache de clavos sobre la tapa de nuestro ataud. Únicamente el candidato socialista francés a la presidencia, se atreve a desafiar esta suerte de deslustrado despotismo. Hollande exije que el pacto contenga un paquete de medidas de estímulo, solidaridad y crecimiento. También que el BCE preste su dinero directamente a los Estados y no a las entidades bancarias. Sostiene que solo así se puede encontrar la senda de la recuperación.
Si Hollande gana las elecciones y cumple con su programa, ¿cuál será la reacción de las manadas licántropas? Al parecer pueden pasar dos cosas. La primera que Francia sufra un brutal ataque que haga retroceder a Hollande hasta las cuerdas de sus mejores intenciones.
Segunda: Hollande se hace fuerte y se radicaliza con el apoyo del Frente de Izquierda de Jean-Luc Mélenchon. Recibe apoyo de otros gobiernos partidarios de políticas de estímulo y crecimiento. Demuestra que la democracia sigue viva y puede imponerse sobre la dictadura de las élites.
El desenlace está en marcha. Una ruleta rusa que se apoya en la sien de la soberanía popular. Pero todavía, a pesar de la furia (o quizás por ella), no estamos muertos. Digan lo que digan Dragui, Merkel y el resto de lobisomes y mujeres-lobas que aullan nuestro funeral desde la UE.

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