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SEÑORES BUITRES: LA CARROÑA ESTÁ SERVIDA

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Antes de entrar en la materia, mis más sinceras disculpas a los buitres. Los animalicos son incapaces de urdir esas felonías contra sus semejantes que tan bien se nos dan a los humanos. Pero por su condición de carroñeros, me ha sido imposible sustraerme a establecer una comparativa entre estas nobles bestias y el asunto de la privatización de la gestión sanitaria valenciana. ¿Pensaban que el saqueo social toparía con alguna insoslayable linea roja? Pues es evidente que ni roja ni ambar. El disco luce verde para el mercadeo sanitario. Y no es el color de la esperanza, creanlo, sino del despropósito y el atraco a mano armada. Privatizar la gestión hospitalaria es difícil de entender desde el argumento de la austeridad. Los agraciados con este "negocio" deben abonar, teóricamente, 180 millones anuales de euros a la Generalitat. Sumen a ésto que, como es previsible, a estos gestores privados no les mueve el altruismo sino el lucro. Desean obtener un beneficio empresarial que satisfaga sus expectativas de sacar tajada. No hace falta ser economista para intuir en lo que realmente piensan ser austeros. Las primeras tajadas van directas al corazón del personal que trabaja en estos centros. Sus condiciones laborales se verán deterioradas, las plantillas disminuidas. El material quirúrgico y los equipamientos médicos se reducirán a la mínima expresión. Las pruebas costosas se escatimarán y se implantará el recopago en todas las prestaciones sanitarias. La atención que reciben los pacientes sufrirá un descalabro que además les costará dinero. La salud y la vida de la gente será cosa de números. Siempre que no sean rojos y estén en nuestra cuenta corriente. Sí es así, solo se puede aspirar a que la agonía sea expeditiva e indolora.
Volviendo a lo de los buitres: Dicen los del Gobierno valenciano que con todo esto se podrán crear cien escuelas públicas. ¡Qué pillines! A mí me ha contado un pajarito que tienen cerrado un acuerdo verbal con F1 para prorrogar hasta el 2.018 a costa del erario público. Un pozo sin fondo para el dinero de los valencianos, es cierto. ¡Pero el glamour! No es comparable ¿Qué puede importar que la ciudadanía se pudra si lo hace en un incomparable marco? Pues eso, lo dicho, la carroña está servida.

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