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CUANDO LA VIDA MATA


El suicidio de un jubilado frente al Parlamento griego es un nuevo crímen que sumar a la larga lista de víctimas del terrorismo financiero. La peculiaridad es que, más que una claudicación, esta muerte autoinducida representa un lance épico contra un sistema inhumano e injusto.
Cuando el horizonte personal está preñado de desesperanza, la vida se convierte en un territorio hostil donde todo es posible menos la propia vida. O por lo menos, tal y como la entendemos los seres humanos libres: una existencia que no nos obligue a renunciar a la dignidad. Algo más que arrastrar nuestros tristes pellejos por el vía crucis de una supervivencia huera de ilusión.
El hecho me trae a la memoria los suicidios de una poetisa y un poeta griegos durante el periodo de entreguerras de la Gran Depresión. Kostas Karyotaquis y María Poliduri pertenecían a lo que se vino a denominar la Generación Derrotada. Igual que ahora, una brutal recesión y un futuro sin expectativas, empujaron a estos jóvenes amantes a abrazar la muerte. Una epidemia silenciosa que sesgó muchas almas. Como ocurre en la actualidad a pesar de la concienzuda labor de maquillaje de las estadísticas. Grecia ha pasado de ser el último país de Europa en la tasa de suicidios a detentar el triste honor de estar a la cabeza. Aquí también se han multiplicado los casos hasta situarse por delante de los fallecimientos originados por accidentes de tráfico. En general, en toda Europa la gente se está matando porque no puede soportar las crueles condiciones de vida que nos imponen.
Mientras, las otras dos terceras partes de la humanidad se debaten entre la guerra, el hambre y la miseria por los efectos colaterales de la misma tiranía económica que provoca la oleada de suicidios en occidente.
Solo dos apuntes para rematar (y ya me perdonarán por lo inadecuado de la expresión) el tema:
1- Durante la Gran Depresión, al contrario que en ésta, un importante número de suicidas fueron banqueros, especuladores o agentes de bolsa. 2- La Iglesia ortodoxa no concede santa sepultura a quienes se quitan la vida. A no ser que se traten de personas influyentes y poderosas, en cuyo caso, se disfraza el incidente para enterrar al finado como las cristianas enseñanzas mandan. ¿Les suena familiar este caritativo comportamiento? Hasta en el cielo hay categorías.
A veces, la vida se nos muestra tan irrespirable, tan hipócrita, tan desalmada, que llegas a desear darle la espalda. Puedes comprender esa espantada del jubilado frente a su Parlamento. Golpeándoles en la cara con su propio cadáver. Autoinmolándose para señalar quienes son los auténticos asesinos en serie. Los criminales en las sombras.

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gravatar.comAutor: Karlos Ag

Me ha gustado Anika. Pero o mucho nos movemos, o vamos a tener otra Generación derrotada. Pese a la que está cayendo, parece que "un miedo" se apodera de la gente que les impide salir a la calle. Somos muchos más pero no se refleja. A mí esta vida no "me mata", no tengo los güevos del farmacéutico jubilado, antes me llevo a alguien. Un besico Ana.
Salud

Fecha: 05/04/2012 16:13.


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