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¡GALOPA!

El número de indignados crece en todo el mundo. Primero fue la plaza de Tahir con el pueblo levantado contra un tirano. Luego, la spanish revolution identificó a la madre de todos los tiranos. O mejor dicho al padre, porque el sistema ultraliberal que padecemos evoca más a ese monstruoso Saturno que devora glotonamente a sus hijos. Una vez determinada la naturaleza de esta dictadura, empezamos a comprender que nos enfrentábamos a una bestia con múltiples cabezas cuya meta era conseguir el poder financiero costase lo que costase. Aunque el precio sea arrojar nuestras esperanzas de vida por el podrido sumidero de su garganta. ¡Despertamos! Estábamos dormidos mientras las alimañas especulaban a sus anchas. Pero la indignación ya galopa por el mundo como una fiebre vírica intratable. Nos llegan noticias de Israel, donde miles de ciudadanos han abierto los ojos contagiados del mismo sueño insomne que recorre el planeta. Las fuerzas de seguridad y los extremistas intentan reprimir el despertar y su efecto contagio. Pero ya es tarde. La gente empieza a cuestionarse los axiomas, a buscar, a crear alternativas a la locura destructiva a la que se nos avoca. Es un sentimiento que cada vez cobra más fuerza a pesar de su tácito y escrupuloso talante pacifista. Cuando la maquinaria para pensar se puso en marcha, el enemigo ya estaba perdiendo la batalla. Pero no debemos descuidarnos. Aunque la indignación galope por el mundo como un potro salvaje nos aguardan días turbulentos. Las Todopoderosos Mercados siguen acechando nuestras díscolas monturas. Y si desfallecemos, se lanzarán sobre nosotros como manadas de lobos. Osea que ¡A galopar!

Publicado en Público y Heraldo de Aragón

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