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HUMANIDAD DESAHUCIADA

Paralizar un desahucio se considera un acto ilegal. Cuando un grupo de personas interponen su solidaridad entre los desahuciados y las ejecuciones judiciales están desafiando las leyes. Poco importa que dichas leyes sean inhumanas o se basen en la codicia especuladora de los bancos o de agencias de prestamos que actúan como subdelegaciones de las instituciones financieras con licencia para robar. Los delincuentes, desde el punto de vista de la versión oficial, son quienes utilizan sus corazones para frenar el latrocinio. Porque, ¿cómo podría definirse la acción de desposeer a alguien de su vivienda y además condenarle a arrastrar una deuda que le amarre a la marginalidad por el resto de su vida? Se me ocurre que, más que de un atraco social, estamos hablando de un crimen legal. Por mucho que el brazo ejecutor se vista con la implacable toga del derecho no logra camuflar la garra asesina que empuña el arma. Banqueros, jueces, políticos y agentes policiales que han desahuciado el alma en el nombre de una desalmada legalidad que los ampara. Sicarios de un sistema amoral revestidos de autoridad para ejercer como bandoleros contra un pueblo inerme ante sus tropelías. Sus víctimas solo cuentan con el apoyo que les proporciona la guerrilla anti-desahucios. Con la fraternidad de los que aún mantienen un asomo de conciencia en esta sociedad diseñada a la medida de forajidos de guante blanco y virtud negra. Quiero declararme parte de esa milicia ciudadana de manos desnudas y valerosas voluntades que no acepta la indignidad y el abuso como norma. Rebelde o delincuente, asumo la etiqueta que quieran colgarnos, pero nunca pasivos frente a los que vacían su humanidad para rellenar las cuentas bancarias de esos otros delincuentes.

Publicada en Público

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