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LAS VÍCTIMAS DE STRAUSS KAHN

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Ser uno de los hombres más poderosos del mundo entraña innumerables ventajas para dar rienda suelta a la psicopatía que anida en su interior. Analicemos el caso del ex director gerente del fondo monetario. Un presunto violador, con abultados antecedentes de agresión sexual convenientemente ocultos gracias a la inmunidad con la que se trata en este mundo a las personas relevantes. Sus fechorías son minimizadas y vergonzosamente justificadas por otros políticos e incluso intelectuales que se manifiestan de izquierdas. El suceso que deben juzgar las autoridades estadounidenses tuvo como víctima a una mujer humilde y emigrante que ahora se expone a otra humillación pública en la que toda su vida se pondrá patas arriba para intentar desprestigiarle. El dinero y la proyección social de los que dispone el líder del ala derecha del socialismo francés servirán para pagar abogados e investigadores carroñeros que intentarán descuartizar la reputación de la camarera. Como si el hecho de no tener una moralidad a prueba de bomba fuera un atenuante válido para que cualquiera pudiera abusar de su cuerpo sin que esto fuera constitutivo de delito. "Después de todo, nadie ha muerto" declaró el ex-ministro de cultura Jack Lang en una cadena pública francesa para quitarle importancia al asunto. O, como dice el ex-ministro de justicia francés Robert Badinter: "no se trata de un acusado como cualquier otro".
La repugnante y machista defensa de los colegas de Strauss va más allá de la presunción de inocencia. Es una actitud propia de los mafiosos que argumentan que "uno de los suyos" no se puede juzgar por los mismos parámetros que el común de los mortales. Los convierte en complices. Nos los muestra tal y como son. Perversos violadores de los principios éticos de la izquierda dispuestos a profanar aleatoriamente países o señoras parapetados indignamente en sus pérfidas torres de marfil. Mientras el que denominaban como "la gran esperanza de la izquierda"  arrojaba al infierno las posibilidades de futuro de millones de ciudadanos del planeta, gozó de la connivencia de muchos otros que tampoco tuvieron escrúpulos en violentar los valores que representaban. Ahora sus víctimas, todos nosotros, deberíamos exigir un multitudinario proceso para destripar la calaña criminal de esta élite. Sobre todo aquellos que creemos firmemente que la izquierda, la auténtica izquierda, no comparte la filosofía de la fuerza y la prepotencia de la que hacen gala estos siniestros personajes.

Publicado en Diario del Alto Aragón

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