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ALGO ENTRE LAS PIERNAS

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Sucede a diario en cualquier parte del mundo. Mujeres de diferente raza, condición social, ideología o cultura seguimos subordinadas al patriarcado masculino. Cosificadas sexualmente, minusvaloradas en nuestro intelecto, sobrecargadas de responsabilidades pero siempre bajo la tutela del macho dominante. Golpeadas, asesinadas, violadas, víctimas preferentes en las guerras, discriminadas laboral y económicamente, sometidas por religiones que quiebran las patas de nuestra dignidad y solo nos quieren vírgenes o mártires.  Raro es el día que otro crimen, de aquellos que antes se denominaban pasionales, no nos golpea en la cara con violencia. Mujeres todas en distintas circunstancias que un día amaron a sus asesinos y que mueren en sus manos sin que ninguna ley pueda protegerles. No existe asilo que reconozca este exterminio sistemático. Como si nuestra existencia fuera un asunto baladí en un mundo exclusivo para hombres. Si además de ser mujer perteneces a otra étnia diferente de la blanca occidental, y para más inri eres pobre, juegas con las cartas marcadas desde el nacimiento. ¡Son tantos los cargos contra nuestro género!. El mismo hecho de poder parir, decidamos o no hacerlo, es un factor más que se emplea en nuestra contra para conseguir un empleo u ocupar puestos de responsabilidad. Las tareas consideradas tradicionalmente femeninas están peor pagadas o pertenecen a la economía sumergida. Incluso en condiciones de igualdad de desempeños, nuestros salarios siguen siendo menores. Ejerciendo el sindicalismo en mi trabajo, andaba servidora una día reclamándole al patrón esa discriminación económica de la que éramos objeto. ¿Saben cuál fué su magistral respuesta? Señorita, me argumentó henchido del baboso paternalismo que rezumaba el tipo, parece que usted olvida que a los hombres nos cuelga algo poderoso entre las piernas. Ante la magnitud de su argumento solo pude contestarle: En su caso es el cerebro, no lo dudo, pero hágaselo mirar porque creo que se ha contagiado de la necrosis genital que sufre el otro órgano donde ha decidido alojarlo.

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