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LA JUSTICIA DEL PUEBLO

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Lo que conocemos como un Estado de derecho no garantiza siempre que las sentencias que nacen de sus tribunales sean justas. Un ejemplo de ello es lo ocurrido con el doctor Montes y su equipo del hospital Severo Ochoa. Una denuncia anónima, porque anónimos son los dedos acusadores de los cobardes, consiguió que el entonces consejero de sanidad de la Comunidad de Madrid, sr. Lamela, arruinara de un plumazo la carrera y la reputación de estos profesionales. Fueron acusados de haber cometido 400 asesinatos mediante sedaciones irregulares que achacaron a la mala práxis. El caso fue sobreseido en el 2007 pero no despejó completamente la sombra de la sospecha que ensuciaba el historial laboral y personal del equipo. Para quien desconozca los hechos es importante recalcar que, en ningún caso, se pudo demostrar esa eutanasia activa por la que fueron imputados. Las sedaciones estaban dentro de la más estricta normalidad y fueron aplicadas a enfermos en fase terminal con el único propósito de minimizar una larga y dolorosa agonía. Además de la injusticia judicial, que no consiguió reivindicar el buen nombre de estas personas, padecieron el acoso mediático, político y la injuria sistemática por parte de quienes, carentes de prueba alguna, llegaron a tildarles de nazis y asesinos entre otras lindezas. Recientemente hemos conocido la resolución del recurso presentado ante el Tribunal Supremo por el dr. Montes y otros 39 profesionales exigiendo una reclamación por daños y perjuicios a la Comunidad de Madrid que fué la parte acusadora en esta maquiavélica caza de brujas. La Justicia ha decidido que no hubo intención de manchar la honorabilidad personal o profesional de los acusados por lo que ha desestimado la demanda. Los que tenemos memoria recordamos los hechos acaecidos de manera bien distinta. Por eso queremos manifestar nuestra adhesión incondicional al dr. Montes y el resto de perjudicados. Explicarles que, más allá de los desvaríos de algunos leguleyos, existe otro tipo de justicia: la del pueblo. La de las personas que, cuando tengamos que enfrentarnos al tránsito final, deseamos que haya un dr. Montes al lado que nos ayude a pasarlo sin que se convierta en una tortura innecesaria. Para ellos, todo mi apoyo y mi cariño.

Publicado en Tribuna Libre del Plural

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