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EL PRECIO DE UN IDIOTA

Ignoro lo que cobrará Salvador Sostres como articulista  de El Mundo. No se cuanto dinero le cuesta  a Pedro J. mantener entre sus huestes a un expendedor de ruindades cuya única utilidad consiste en aventar mediáticamente la mierda que brota de sus exíguas meninges. Pero más allá de la indigencia intelectual y ética del individuo en cuestión, deberíamos preguntarnos sobre los motivos que impulsan al director de su redacción para mantenerlo en plantilla. Si fuera verdad aquello que mantiene Sostres de que la tierra a veces menstrua para hacer limpieza, refiriéndose a los miles de fallecidos en el terremoto de Haití, haría mucho tiempo que su prescindible humanidad se hubiera sumergido en el proceloso torbellino de cualquier retrete. Pero como un idiota siempre puede doblar su estulticia si se le estimula pecuniariamente, Sostres ha soltado otras perlitas dignas de alcanzar la cumbre de la antología en desafueros periodísticos. Para dar mayor lustre a su cruzada del odio al rojerío y la progresía nacional, ha establecido una infame comparación entre el valor de la vida de un haitiano pobre y la de un ciudadano del primer mundo haciendo hincapié en que, para quien vive en la miseria, la muerte es una liberación y un proceso de selección natural que se convierte en tragedia cuando son las vidas de los japoneses o de los occidentales las que se pierden. Tras vomitar esta bazofia, se ha referido a los "piojosos" de la izquierda argumentando que nos alegramos de la desgracia de los hermanos japoneses porque eso ayuda a reforzar nuestras teorías anti-nucleares. La simple exposición de esta vileza se contesta por sí sola por ello no pienso malgastar una palabra en desdecir a un cretino. Solo una cosita, citando al propio Sostres en su magistral lección sobre la diferencia que establece entre el drama haitiano y la tragedia japonesa, quitándole importancia al primero para lamentar profundamente el segundo, voy a utilizar la misma vara de medir para trazar los parámetros de su existencia: El drama doméstico, apenas trascendente si no se le diera tribuna, es la disfunción cerebral de este señor. La Tragedia, terrible y con mayúsculas, es que se le proporcione un foro para airear su minusvalía moral a los cuatro vientos.

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