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VOLANDO VOY...A EXTREMADURA

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Como dice el genial Wyoming: Gracias a la democracia cualquiera puede ser alcalde pero lo que no puede un alcalde es expresarse como un cualquiera. La brillante oratoria, la fina ironía, la capacidad de improvisación y las réplicas inteligentes parecen haber desaparecido para siempre de la política española. Si Castelar levantara la cabeza y escuchara las difusas y titubeantes declaraciones de Rajoy, las infamantes comparaciones de Pons entre nuestro estado y las dictaduras árabes o la insultante y cateta verborrea del alcalde de Badajoz sobre la expulsión de los "palomos cojos" de la tierra pacense, sentiría una pena tan profunda que volvería a morirse del íctus que le iba a producir la arrogante incultura que ostentan la mayoría de nuestros actuales líderes institucionales. Es evidente que no todos podemos ser Maura o Canalejas. O aludiendo a épocas más actuales, pocos saben expresarse con la pasión de Arzalluz, la elegancia de Miquel Roca o el carisma de Felipe González independientemente de la empatía o aversión ideológica que dichos personajes nos transmitan. Pero el respeto, las formas y la educación deberían ser condiciones sine qua non para detentar cualquier cargo político. Si así fuera, un individuo de la catadura intelectual de Miguel Angel Cedrán no tendría cabida en ningún ayuntamiento. Pero en esta sociedad belenestebiana que nos ha tocado vivir el insulto y la burricie tienen rédito electoral. Y ahí radica el quid de la cuestión: ¿Nos merecemos a los jerifaltes que tenemos? Quisiera pensar que no. Pero el hecho de que su posición no sea fruto del golpismo sino de la legitimidad que conceden las urnas me hace pensar que sí. Que su indigencia intelectual son un reflejo de la realidad social de este país, mal que nos pese. Suerte que, para contrarrestar la desolación cultural que nos invade, surgen iniciativas como la caravana de "palomos cojos" a Badajoz auspiciada por el cómico. Servidora se apunta a la peregrinación no solo por la dignidad del colectivo homosexual, que ya es bastante motivo en sí mismo, también para combatir con el humor la tristeza moral que vomita el jefe del consistorio bellotero. Al fin y al cabo los palomos y palomas, aunque cojos, no hemos perdido la libertad para sobrevolar el territorio nacional pese a las rapaces que escupen su veneno incapaces de remontar la estulticia en la que permanecen embarrados. Así que, volando voy...

Publicado en El Plural

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kuentoschinos

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