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LOS HIJOS DE TODOS

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Hay niñas y niños que viven un infierno cotidiano. Sus vidas están marcadas por una espiral de violencia física y verbal entre sus padres y acaban conviritiéndose en las primeras víctimas colaterales de la contienda. Sufren ansiedad, alteraciones del sueño y de la alimentación, dificultades en el aprendizaje y para desarrollar habilidades sociales, entre otros problemas. La víctima, o progenitor maltratado, está instalado en un estado depresivo que le impiden atender las necesidades básicas de sus hijos. Por eso se produce cierto abandono. Y aunque consigan superar su quiebra emocional para darles cuidados, el ejemplo de pasividad y permisividad respecto a los malos tratos se transforma en un legado maldito. Por otro lado, el agresor es incapaz de entablar un vínculo emocional estable con sus propias criaturas y suele utilizarlos, debido a su sentido de la propiedad, como vehículo de la ira contra su pareja. Ningún maltratador debería tener la custodia de sus hijos aunque solo fuera por el funesto modelo que suponen. Además de los casos más terribles, en los que los niños acaban siendo asesinados o secuestrados, existen miles de otros menos mediáticos pero de consecuencias igualmente dramáticas. Son menores estigmatizados que nunca tuvieron otra referencia de relación familiar y padecerán muchos problemas para ser hombres y mujeres libres y sanos el día de mañana.
La culpa no se debe buscar únicamente en sus dramas familiares. La nuestra sigue siendo una sociedad androcéntrica en la que la mujer ocupa un escalón inferior al hombre. La discriminación social, económica, laboral y familiar continúa vigente pese a las leyes y las buenas intenciones de muchos próceres políticos. La mujer y su prole están supeditados a la figura del hombre y éste se cree con derecho a decidir su destino. Es necesario educar en la igualdad desde la escuela. Cambiar este modelo envenenado que nos reparte papeles de víctima o verdugo en virtud de nuestro sexo y deja generaciones de pequeños traumatizados de por vida que reproducirán estos enfermizos patrones. Construir una sociedad de seres humanos libres que militen en la equidad entre los géneros. Esta es la inversión que más debería interesarnos. Una responsabilidad que debemos asumir todos y cada uno de nosotros.

Publicada en Público, Periódico de Aragón y Diario del Alto Aragón

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