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NEGOCIOS SANGRIENTOS

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Tras conocer el salvaje ataque de las fuerzas de seguridad marroquí sobre el campamento saharaui en Aaiún, cabría esperar de nuestro gobierno una respuesta más contundente que unos miserables esbozos de condena por los hechos. Hemos desnaturalizado tanto la realidad que los intereses económicos son más poderosos que la defensa de los derechos fundamentales de los seres humanos. Más que la ética elemental y que la propia vergüenza. Porque si el precio de los negocios con Marruecos es nuestro silencio mientras vemos como se derrama la sangre del pueblo saharaui, entonces hablemos claro. Y expliquemos las cosas como son: Este gobierno, como casi todos, no pinta un pimiento. El que manda en el mundo es don dinero. Y ese nació sin conciencia. Los gobiernos como el nuestro, que presumen de demócratas, se llenan la boca con palabras grandilocuentes y frases épicas pero la verdad es que, sus auténticos amos, los alimentan con pildoras contra la decencia. Por eso tragan con cosas como estas. Y por eso, una vez más España, la Madre Patria, se convierte en la madrastra antropófaga que devora a sus propios hijos. O como en este caso a los que un día lo fueron, antes de abandonarles al inhumano destino que les tenía planeado el reino de Marruecos. Así pues, no sirven de nada ni las resoluciones de la ONU, ni la legitimidad del frente polisario, ni las declaraciones internacionales de derechos humanos. Ni siquiera la deuda moral que tenemos con los saharauis. Bussiness son bussiness, y los más jugosos suelen ser también los más sangrientos. Sino que se lo pregunten a los ciudadanos del Congo.

Publicada en Heraldo de Aragón y Público

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